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Sudáfrica vuelve al Mundial: el equipo que nació en los townships y ahora es sensación

Dieciséis años después de aquel debut inolvidable en 2010, Sudáfrica vuelve a una Copa del Mundo. Pero esta vez no es el anfitrión épico, sino un equipo forjado en la estructura del Mamelodi Sundowns, el club que pasó de ser un refugio del apartheid a un imperio millonario.

Por Redacción El Sereno · junio 25, 2026
Sudáfrica vuelve al Mundial: el equipo que nació en los townships y ahora es sensación

Un capricho del destino quiso que este Mundial abra el telón con un partido que ya conocimos. En aquella ocasión, Sudáfrica y México inauguraron la primera Copa del Mundo jugada en África un 11 de junio de 2010 en el Soccer City Stadium de Johannesburgo. De ese empate 1-1 y lo que siguió después, todos nos acordamos de las mismas imágenes: el golazo de Siphiwe Tshabalala, que fusiló el arco mexicano con un zurdazo cruzado que sigue siendo el gol más recordado de la historia de los Bafana Bafana. Además, marcó el inicio de un torneo caótico, con el zumbido permanente de las vuvuzelas como banda de sonido, la «Jabulani» que sólo Forlán parecía dominar, y un torneo que terminó celebrando un campeón inédito.

Dieciséis años después, en su regreso a un Mundial tras esa edición, el escenario se repite aunque ahora Sudáfrica llega como visitante, donde México le devolverá la cortesía en el emblemático Estadio Azteca. Pero no es la misma Sudáfrica la que enfrentó a México en esa Copa y la que lo hará ahora. El país que vuelve a un Mundial ya no se sostiene en la épica de ser el anfitrión, sino en una estructura concreta que explica buena parte de lo que es hoy esta selección y bastante de lo que ocurre más allá de sus fronteras. Esa estructura tiene nombre: Mamelodi Sundowns.

De los veintiséis convocados por Broos, ocho pertenecen al club de Pretoria, la mayoría titulares, y otros dos jugadores se formaron en el club y jugaron hasta la temporada pasada. En 2010, este mismo equipo aportó cuatro futbolistas. La curva no es casual. Es imposible entender, no sólo el fútbol sudafricano, sino el fútbol africano actual, sin hablar de los Masandawana.

El club no es un advenedizo ni mucho menos. Nació en los townships de Pretoria, los barrios segregados que creaba el régimen del apartheid, a comienzos de los años sesenta. En ese momento el fútbol «negro» competía en ligas paralelas que el régimen toleraba porque las mantenía separadas del fútbol oficial y, obviamente, blanco. Se jugaba en canchas de tierra, sin tribunas, sin premios en dinero, ante multitudes amontonadas en las líneas laterales. Sus futbolistas eran muchísimo más talentosos que los profesionales de la liga. Al punto tal de que la prohibición no pudo durar mucho porque los equipos blancos jugaban amistosos «a escondidas» contra esos equipos, o forzaban a la federación a que les permita contratar estos jugadores.

De esos campos regados en toda Sudáfrica surgió el «kasi flava», el fútbol de la creatividad individual y los trucos que privilegiaba el espectáculo por encima del resultado, una forma de resistencia cultural en un país que a la mayoría de su población les negaba casi todo lo demás. De esos barrios comenzaron a destacar algunos equipos. Del Township de Soweto surgió primero el Orlando Pirates, y en la década del setenta tras una escisión en el propio club, el Kaizer Chiefs. En Pretoria, fue el Mamelodi quien elevó ese fútbol a la categoría de arte con su propio sello, el «shoe shine and piano»: toques brillantes como zapatos lustrados y pases delicados como teclear un piano.

El salto de identidad llegó a mediados de los ochenta, bajo la conducción del extravagante empresario Zola Mahobe, que empezó a pagar sueldos profesionales reales a jugadores negros y adoptó el amarillo, el verde y el azul de la selección brasileña. El Sundowns se rebautizó «los Brasileros», y el apodo era una declaración de principios, ya que encontraban en el tradicional «jogo bonito» brasileño un espejo en el cual reflejarse. El jugar bonito como forma de existir. Los títulos llegaron rápido, aunque la aventura de Mahobe terminó en escándalo cuando se descubrió que financiaba el proyecto con dinero robado. La semilla, sin embargo, quedó plantada.

Durante las décadas siguientes el club fue importante sin ser hegemónico, siempre un paso por detrás de los dos gigantes de Soweto, que concentraban las masas de Johannesburgo y monopolizaban la conversación del fútbol sudafricano. Esa jerarquía quedó dada vuelta por completo en un movimiento de dos etapas. En 2004, Patrice Motsepe compró el 51 por ciento del paquete accionario y empezó una transformación que tardó casi una década en cuajar. Nacido en 1962 en Soweto, era hijo de comerciantes que pese a las restricciones del apartheid lograron mandarlo a una escuela privada católica y, más tarde, a estudiar derecho. Con apenas unos años de vida, su familia se mudó a Pretoria, y desde ese momento se convirtió en hincha del Mamelodi Sundowns.

Se convirtió en el primer socio negro de un estudio jurídico sudafricano y, a fines de los noventa, aprovechó la caída del precio del oro para comprar minas a bajo costo y fundar African Rainbow Minerals, el germen de un imperio que abarcaría oro, platino, hierro y carbón. En 2008 se transformó en el primer africano negro en entrar a la lista de multimillonarios de Forbes, con una fortuna que hoy ronda los tres mil millones de dólares. Su peso excede largamente al deporte: cuñado del presidente sudafricano Cyril Ramaphosa, encarna a la nueva élite negra surgida del fin del apartheid. Cuando compró el Mamelodi, no llegaba a jugar a ser presidente de club, sino con los recursos y la mentalidad para convertir a un equipo de Pretoria en una empresa ganadora.

El arranque de Motsepe como presidente del club fue prometedor pero irregular: un título en 2006 con una dupla técnica que incluyó al argentino Miguel Ángel Gamondi, otro en la temporada siguiente de la mano de Gordon Igesund, y un acercamiento al campeonato en 2009 con Hristo Stoichkov en el banco, que terminó segundo. Después llegaron años opacos, sin actuaciones que terminaran de redondear. El club tenía dinero y ambición, pero todavía no había encontrado la fórmula.

Todo cambió a fines de 2012, cuando Motsepe contrató a Pitso Mosimane y, de cara a la temporada 2013, hizo una inversión fuerte en los mejores jugadores de la liga local. Mosimane, apodado «Jingles», es el nombre propio más importante en la historia reciente del fútbol sudafricano. Nacido en 1964 en Kagiso, un township al oeste de Johannesburgo, fue futbolista antes que técnico: mediocampista de selección, vistió en su carrera las camisetas del Jomo Cosmos, el propio Sundowns y el Orlando Pirates, y emigró al fútbol griego, belga y qatarí en los años en que un sudafricano rara vez cruzaba el océano. Como entrenador se forjó en el SuperSport United, donde ganó tres ligas seguidas, y dirigió a los Bafana Bafana entre 2010 y 2012, justo antes de aterrizar en Pretoria. En el Mamelodi armó el equipo que rompió el molde: ocho años en el cargo, cinco títulos locales, un sinfín de copas y, sobre todo, la primera Liga de Campeones de la CAF del club en 2016, ganada en Alejandría ante el Zamalek.

Mosimane demostró que un técnico africano formado en casa podía conquistar el continente sin pasar por Europa, y su sello no fue solo táctico: combinó la presión alta y la circulación moderna con la creatividad heredada de los townships, una versión sofisticada del kasi flava que el club nunca abandonó. Su prestigio trascendió Sudáfrica. En 2020 lo contrató el Al-Ahly egipcio, el club más laureado de África, y allí ganó dos Champions africanas más en poco más de un año, una marca que lo puso entre los entrenadores más respetados del continente.

Hoy, Sudáfrica vuelve a un Mundial con la camiseta de los Bafana Bafana, pero con el alma del Mamelodi Sundowns. El equipo sensación que nació en los townships, creció entre la discriminación y la pobreza, y se convirtió en un imperio gracias a la visión de un millonario y la genialidad de un técnico local. La historia de un país que, como su selección, nunca dejó de luchar.

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Comentarios

  1. Para mí esto es puro verso, vuelven los sudafricanos pero con la guita de los Sundowns, los mismos negros que antes pedían limosna. Me parece un marketing berreta, nos venden el cuento de los townships cuando es un equipo de millonarios. Encima les dan bola a estos y después lloran que no hay patria. Yo creo que dejen de joder y vuelvan a laburar.

  2. para mi sudafrica vuelve al mundial pero ojo este equipo es de los townships de los negros q el apartheid quiso borrar mamelodi sundowns del pueblo y pa el pueblo mientras los fifas se llenan los bolsillos estos pibes juegan con hambre de justicia vamos bafana bafana q la copa sea de los de abajo los ricos lloran ja

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