Dos nombres argentinos se metieron en el Top 100 de The Best Pizza Awards 2026, el ranking global que reconoce a los mejores pizzaiolos del mundo. Franco Kalifon, fundador de Kalis Pizza en Buenos Aires, se ubicó en el puesto 45; mientras que Mauro Colagreco aparece en el puesto 60 junto a Paulo Corsi por Pecoranegra, en Menton, Francia. La selección oficial fue anunciada en Milán y pone a la Argentina en una conversación dominada por Italia, pero cada vez más abierta a escenas pizzeras de Estados Unidos, Japón, España, Brasil y México.
En el caso de Kalifon, el reconocimiento llega por una propuesta nacida en el barrio porteño de Núñez: pizza al estilo Nueva York, vendida por porción, con masa fina, crocante por fuera y jugosa en el centro. Kalis Pizza abrió hace un año y medio, con un menú breve y elaboración propia de varios productos, incluyendo tomate San Marzano importado de Italia, mozzarella hecha en casa y pepperoni de elaboración propia. “Lo que buscamos no es ser buenos ni muy buenos, es ser memorables”, resume Kalifon. “Desde el primer bocado hasta el servicio, queremos que cada persona que viene a Kalis Pizza se lo acuerde para toda la vida”.
El reconocimiento de Kalifon se suma a otro antecedente internacional reciente: en febrero de 2026, Time Out eligió a Kalis Pizza en el puesto 8 de su ranking de las mejores pizzas del mundo, como único local argentino dentro de esa selección. Su trayectoria viene del pan artesanal: antes de Kalis Pizza, lideró Kalis Pan, una marca asociada al crecimiento de la panadería de masa madre en Buenos Aires. Con Kalis Pizza trasladó parte de esa obsesión por la fermentación, la textura y la regularidad del producto a un formato más urbano y veloz.
El segundo argentino en el Top 100 es Mauro Colagreco, ubicado en el puesto 60 junto a Paulo Corsi por Pecoranegra, en Menton, Francia. La distinción suma al universo pizzero a uno de los cocineros argentinos de mayor proyección internacional: Colagreco abrió Mirazur en 2006 en la Costa Azul francesa, obtuvo tres estrellas Michelin, una estrella verde Michelin y en 2022 fue nombrado Embajador de Buena Voluntad de la UNESCO para la Biodiversidad. Su carrera tuvo un punto de consagración en 2019, cuando Mirazur fue elegido como el mejor restaurante del mundo por The World’s 50 Best Restaurants. Ese recorrido, asociado a una cocina marcada por el territorio, los productos de estación y la sustentabilidad, ahora aparece conectado con Pecoranegra, el proyecto por el que Colagreco y Corsi fueron incluidos entre los 100 mejores pizzeros del planeta.
La edición 2026 de The Best Pizza Awards tuvo como número uno a Francesco Martucci, de I Masanielli, en Caserta, Italia. El segundo puesto fue para Roberto Davanzo, de Bob Alchimia a Spicchi, en Montepaone, y el tercero para Francesco Capece, de Confine, en Milán. El ranking no ordena pizzerías como locales comerciales, sino a los pizzaiolos detrás de cada proyecto. La selección 2026 fue presentada en Milán y permite ordenar el listado por Top 100, nombre, ubicación o pizzería, según la página oficial del premio.
La presencia de dos argentinos en el Top 100 demuestra que la escena pizzera nacional está a la altura de las mejores del mundo. Con propuestas que van desde la neoyorquina con identidad porteña hasta la alta cocina francesa con raíces argentinas, el país se consolida como un semillero de talento gastronómico que trasciende fronteras. ¿Será que pronto veremos una pizzería argentina en el podio mundial? El tiempo lo dirá, pero por ahora, el orgullo es nuestro.

Para mí esto es un verso. ¿100 mejores pizzeros? Franco Kalifon está ahí por argentino nomás, pero Mauro Colagreco es un vendepatria que se fue a Francia. ¡Traidor! La pizza es argentina, no europea. Los zurdos dirán diversidad cultural, pero yo creo que es una cagada. ¡Viva Argentina y la pizza con fainá!
Para mí esto es un asco, dos chetos vendidos al sistema y nada de la pizza del pueblo. Kalifon y Colagreco son lo mismo, explotadores del hambre obrera. La verdadera pizza está en los barrios, no en este ranking burgués. Abajo el elitismo culinario, carajo!