En plena Patagonia argentina, un rincón de ensueño florece solo por unas semanas y ya se robó todas las miradas. Se trata de Taiyō, un parque temático y botánico ubicado en Trevelin, Chubut, que alberga más de 150.000 flores y se ha convertido en uno de los jardines más sorprendentes del sur del país.
El origen de este paraíso floral está ligado a la trayectoria del productor Martín Sasaki, quien está al frente de un cultivo de peonías en el INTA de Aldea Escolar. Con una producción orientada principalmente a la exportación, sus flores llegan a mercados de Europa y Estados Unidos. Sin embargo, la dinámica productiva limitaba la posibilidad de abrir el campo al público. Fue entonces cuando la alianza con la agencia de turismo Meraki Sur permitió dar un paso más: crear un espacio específico para recibir visitantes sin interferir con el ritmo del cultivo.
Así nació Taiyō, un predio de 2,5 hectáreas donde las peonías son las protagonistas absolutas. Una hectárea y media está dedicada al cultivo de más de 10.000 rizomas que producen más de 150.000 flores. Entre las variedades se destacan ‘Sarah Bernhardt’, ‘Duchesse de Nemours’, ‘Karl Rosenfield’, ‘Kansas’, ‘Gardenia’, ‘Shirley Temple’ y ‘Dr. Fleming’, que despliegan una paleta de colores que va del blanco puro al fucsia intenso.
Pero el parque no es solo peonías: a su alrededor se completa con un jardín botánico que incorpora especies nativas y exóticas como ñires, arces, magnolias, secuoyas, rododendros e iris. Esta diversidad construye un paisaje en capas donde lo productivo convive con lo ornamental. El manejo del cultivo responde a un enfoque de bajo impacto ambiental: las tareas de mantenimiento se realizan de forma manual y el riego está automatizado para optimizar recursos.
Sin embargo, trabajar en la Patagonia implica desafíos constantes. Las heladas tardías de primavera y los vientos fuertes pueden dañar los pimpollos, mientras que la logística de exportación desde una región remota exige precisión para asegurar la calidad y frescura del producto. Pero las peonías encuentran en Trevelin condiciones ideales: inviernos fríos, suelos bien drenados y buena exposición solar, lo que permite una floración vigorosa aunque breve.
La temporada se concentra entre fines de noviembre y diciembre y dura apenas unas semanas. Durante ese tiempo, Taiyō se convierte en un punto de encuentro que recibe turistas de todo el país, fotógrafos, aficionados al paisajismo y visitantes locales de Esquel y Trevelin. La experiencia va más allá del recorrido por el jardín: incluye actividades culturales que refuerzan el vínculo con la tradición japonesa, como la ceremonia del té a cargo de Malena Higashi, formada en la escuela Urasenke de Kioto, y la Fiesta de los Tapices, donde la comunidad crea obras colectivas con flores descartadas de la cosecha.
Además, hay danza, música y feria de productores y artesanos. Estas propuestas integran el jardín a la vida cultural de la región. En ese cruce entre naturaleza, producción y arte, el lugar se proyecta hacia el futuro con una meta clara: consolidar a Trevelin como el polo de la peonía en el hemisferio sur.
Taiyō, abierto desde la primavera hasta el verano, sigue creciendo. Hay planes de ampliación tanto del cultivo como del resto del jardín, siempre con la intención de profundizar esa experiencia que combina lo sensorial con lo productivo. Un verdadero tesoro patagónico que solo se deja ver por unos días.

Para mí esto huele a clasismo puro, 150 mil flores pa’ turistas con guita mientras los laburantes de Trevelin ni un pétalo ven. Me parece un choreo del capitalismo, abren un mes y se llenan los bolsillos. Yo creo que Taiyō es la carpa del sistema, firmado: Juan Pueblo.
Para mí esto es un curro de los zurdos, 150 mil flores para que vengan a llorar por los inmigrantes mientras los criollos laburamos. Taiyō tendría que ser solo para argentinos de verdad, no para turistas de mierda. Argentina primero, carajo.