La tragedia que azota a Venezuela no da tregua. Los dos terremotos que sacudieron el país hace más de una semana ya dejaron un saldo de 2.595 muertos y 12.400 heridos, según informó la presidenta interina, Delcy Rodríguez. Pero lo peor está en las cifras de desaparecidos: Naciones Unidas estima que unas 50.000 personas podrían estar bajo los escombros o perdidas en el caos posterior a los sismos.
En una conferencia de prensa, Rodríguez fue tajante: «Yo de entrada dije: nadie va a fosa común». La funcionaria explicó que el proceso de identificación de los cuerpos se realiza mediante huellas dactilares, fotografías y, en casos extremos, análisis de dentadura forense. «No vamos a permitir que nadie quede sin ser identificado», afirmó, en medio de las críticas por la gestión de la catástrofe.
El estado La Guaira fue el más golpeado. Allí, cerca de 200 edificios colapsaron por completo, y las estimaciones de la NASA indican que hasta 58.000 construcciones podrían haber resultado afectadas. Las tareas de rescate continúan, con unos 3.000 rescatistas trabajando en las zonas más críticas. Hasta el momento, solo 13 personas fueron rescatadas con vida, mientras los equipos especializados buscan entre escombros y estructuras inestables.
Rodríguez defendió la respuesta oficial: «Se pueden contar las horas» entre los terremotos y el despliegue de efectivos. Dijo que en las primeras 24 horas llegaron 4.000 funcionarios, a las 48 horas ya eran 11.000 y ahora suman 19.000. Sin embargo, la ayuda humanitaria llega de forma intermitente, y miles de familias permanecen en campamentos improvisados o a la intemperie, cocinando frente a sus viviendas destruidas.
Las agencias de Naciones Unidas habilitaron tres refugios temporales en La Guaira, con capacidad para albergar a los desplazados durante un mes, aunque la continuidad dependerá de la evolución de la crisis. Según cifras oficiales, 12.841 personas perdieron su vivienda, pero la ONU eleva esa cifra a cerca de 16.000 desplazados, muchos de los cuales deambulan por plazas y espacios públicos.
Mientras tanto, la desesperación crece entre los familiares de los desaparecidos. En las calles de La Guaira, los vecinos se agolpan en los puntos de distribución de alimentos y agua, mientras los voluntarios reparten ropa y artículos donados. La escena es dantesca: edificios derrumbados, escombros por doquier y un olor a muerte que no se va.
La comunidad internacional sigue de cerca la situación, pero las críticas al gobierno de Nicolás Maduro no cesan. Organismos de derechos humanos denuncian falta de transparencia en las cifras y una respuesta tardía. Sin embargo, Rodríguez insiste: «No hay tiempo para críticas, es tiempo de salvar vidas».
Los terremotos, que alcanzaron magnitudes devastadoras, dejaron una huella imborrable en Venezuela. Mientras los rescatistas continúan su labor, el país entero espera respuestas y, sobre todo, un milagro que saque a más personas con vida de entre los escombros.

Para mí esto huele a más de lo mismo, el imperio yanki siempre metiendo la cola en Venezuela. Me parece que los muertos son víctimas de su guerra no declarada, mientras la derecha gorila festeja. Yo creo que la revolución cuida a su pueblo, ni una fosa común. Viva Venezuela carajo.
Para mí esto es una masacre encubierta. 2.595 muertos y 50 mil desaparecidos, y la dictadura chavista sigue con sus cuentos. Delcy Rodríguez dice que no habrá fosas comunes, pero yo creo que ya las tienen preparadas. Los rescatistas son héroes, pero los políticos se llenan los bolsillos mientras el pueblo se pudre. ¡Basta de socialismo asesino!