En un rincón del Cementerio Británico de Buenos Aires descansan los restos de un hombre que desafió a los nazis y eligió la Argentina para vivir. Se trata de Florin Manoliu, un diplomático rumano que durante la Segunda Guerra Mundial integró una red de rescate que salvó la vida de cientos de judíos y ayudó a difundir por primera vez los horrores de Auschwitz. Este domingo, en el lugar donde está enterrado desde 1977, se le rendirá un homenaje que busca recordar su historia, casi desconocida para el gran público.
Manoliu nació en Iasi, Rumania, el 7 de marzo de 1904. Estudió Derecho en su país y luego se graduó como economista en París. En julio de 1943, en plena guerra, fue designado consejero económico en la embajada rumana en Berna, Suiza. En ese momento, Rumania estaba gobernada por Ion Antonescu, un dictador aliado de la Alemania nazi. Pero Manoliu, profundamente antinazi, se alineó con los que resistían desde las sombras.
En Suiza, tomó contacto con activistas antifascistas, entre ellos Georg Mandl, un comerciante judío húngaro que trabajaba en el consulado de El Salvador en Ginebra. Mandl, que latinizó su apellido a Mantello, había convencido al cónsul José Arturo Castellanos de emitir certificados de ciudadanía salvadoreña para judíos perseguidos. Esos documentos, que otorgaban protección diplomática, podían significar la diferencia entre la vida y la muerte. Se calcula que se emitieron unos cinco mil certificados.
En mayo de 1944, Mantello supo que los judíos de Transilvania estaban siendo deportados. Preocupado por sus familiares en Bistrita, le pidió a Manoliu que viajara hasta allí con documentos de ciudadanía salvadoreña. Además, le entregó otros mil certificados para entregar al cónsul suizo en Budapest. La misión era extremadamente peligrosa: circular por territorio enemigo, donde ayudar a judíos podía costar la vida.
Manoliu partió el 22 de mayo de 1944. Poco después, la Gestapo lo detuvo en Viena. Por fortuna, minutos antes había entregado los certificados a un viejo amigo de la universidad, cónsul rumano en Viena, para que los llevara a Budapest como equipaje diplomático. Llevado a Berlín para ser interrogado, Manoliu no se derrumbó. Furioso, gritó a sus interrogadores que no entendía su detención, siendo Rumania y Alemania aliados. Los nazis lo dejaron ir, con la condición de que viajara solo a Bucarest. Pero Manoliu desobedeció y se dirigió a Bistrita.
Al llegar, descubrió que el pueblo donde vivían los familiares de Mantello había sido declarado Judenrein (limpio de judíos). Un soldado alemán le contó que todos habían sido sacados en trenes. Manoliu no sabía el destino final, pero comprendió que nada bueno les esperaba. Siguió viaje a Budapest, donde entregó los certificados al vicecónsul suizo Carl Lutz, contribuyendo a salvar a muchos judíos húngaros. Pero además, Lutz lo puso en contacto con Miklos Krausz, representante de la agencia judía, quien le entregó una versión resumida del Protocolo de Auschwitz, el primer informe detallado sobre el campo de exterminio.
Manoliu llevó ese informe a Suiza, donde fue difundido. Su viaje, lleno de riesgos, permitió que el mundo conociera la magnitud del horror nazi. Después de la guerra, cansado y buscando paz, emigró a la Argentina. Se radicó en Bahía Blanca, donde fue docente universitario. Durante dos décadas, vivió como un vecino discreto, sin alardear de su pasado heroico. En 2001, recibió la distinción “Justo entre las Naciones” de Yad Vashem, el máximo honor para no judíos que salvaron vidas durante el Holocausto.
Este domingo, a las 11 de la mañana, se le rendirá homenaje en el Cementerio Británico de Buenos Aires, donde descansa desde 1977. La ceremonia busca recordar a un hombre que, desde las sombras, desafió al nazismo y eligió la Argentina como su hogar final. Una historia que merece ser contada, para que no se pierda en el olvido.

Para mí este Manoliu era un tipazo, pero no me vengan con que los diplomáticos yanquis y europeos son héroes. Miraron para otro lado mientras los nazis festejaban. Esto huele a hipocresía imperialista. ¡Viva la resistencia antifascista! Abajo los que bancan genocidas.
Para mí este Manoliu no es ningún héroe, me parece un zurdo internacionalista metido donde no le importa. Si ayudaba a judíos, esto huele a espía soviético. Yo creo que acá los verdaderos patriotas combatimos el marxismo, no lloramos por extranjeros. ¡Viva la pureza nacional!