Alemania acumula ya una cifra estimada de 5.120 muertes relacionadas con el calor en lo que va de 2026, la mayoría concentradas a finales de junio, cuando la ola de calor que azota Europa Occidental hizo saltar todas las alarmas sanitarias. El dato surge de un informe semanal del Instituto Robert Koch (RKI), la autoridad de salud pública alemana, que constató además que 4.270 de esas muertes correspondieron a personas de 75 años o más, y que murieron más mujeres que hombres, principalmente por representar una proporción mayor de la población de edad muy avanzada.
El informe del RKI confirma lo que ya denunciaban trabajadoras de la salud y familiares: en numerosas residencias de mayores, sin climatización ni ventiladores, la temperatura en las habitaciones superó los 30 grados durante varias noches consecutivas. Es el perfil que concentra la mortalidad: personas mayores con enfermedades preexistentes cardiovasculares, pulmonares y renales, para quienes el calor extremo no mata «directamente» pero sí resulta el detonante final de un cuerpo ya golpeado por la falta de cuidados y de infraestructura pública adecuada.
El caso más brutal se dio en Colonia, donde durante el fin de semana del 27 y 28 de junio murieron 120 personas, cuatro veces más de lo habitual en la ciudad. El dato lo hizo público Katharina Droege, líder de Los Verdes en el Bundestag, durante un debate parlamentario en el que también acusó al canciller Friedrich Merz de no haberse pronunciado sobre la ola de calor pese al aumento sostenido de la cifra de muertos y el desborde de los servicios de emergencia.
Mientras el país enterraba a miles de personas mayores, el gobierno de coalición liderado por Merz avanzaba con un proyecto de presupuesto para 2027 que recorta fondos destinados a la protección del clima. El Ejecutivo pretende detraer miles de millones del Fondo del Clima y la Transformación (KTF) para tapar agujeros presupuestarios, aunque los recortes concretos todavía no fueron cuantificados públicamente. Es la misma lógica que ya vimos en Francia semanas atrás: gobiernos que vacían hospitales y residencias, que no invierten en climatización de espacios donde viven las personas más vulnerables, y que luego presentan cada ola de calor como una fatalidad meteorológica ajena a sus propias políticas.
No es la primera vez que el RKI mide un salto de mortalidad de este tipo: las cifras más altas de la última década se registraron en 2018 y 2019, con 8.400 y 6.900 muertes respectivamente, mientras que entre 2022 y 2025 el promedio anual osciló entre 2.600 y 4.900 fallecimientos. Cada verano, la crisis climática golpea con particular saña a quienes el capitalismo ya deja al margen, en particular a las personas mayores, sin recursos para climatizar su vivienda o su habitación en una residencia, dependientes de un sistema de salud pública sistemáticamente desfinanciado.
El dato alemán se suma a un panorama continental sombrío. El Servicio de Cambio Climático Copernicus de la UE confirmó que Europa Occidental vivió el junio más caluroso desde que existen registros, con una temperatura media de 20,74 grados. Solo entre el 20 y el 28 de junio, las autoridades nacionales de Francia, Bélgica, el Estado español y los Países Bajos notificaron más de 4.700 muertes en exceso, sumadas ahora a las más de 5.000 alemanas. Como ya señalamos en nuestra cobertura de la crisis en Francia, el «desastre extraordinario» del cambio climático choca una y otra vez contra el «desastre ordinario» de un capitalismo que vacía servicios públicos, precariza la vida de la clase trabajadora y convierte el acceso a la climatización en un privilegio de clase.
Que miles de personas mayores mueran en habitaciones sin ventilador mientras el gobierno alemán discute recortar el fondo climático es una cruda expresión de la lógica de un sistema que subordina las necesidades sociales al militarismo y a engrosar los beneficios de los grandes capitalistas. La respuesta no puede quedar en manos de quienes gestionan la catástrofe. Frente a cada nueva ola de calor, la exigencia de inversión masiva en sanidad, residencias y vivienda digna, así como el control de los trabajadores sobre los protocolos de protección frente al calor extremo, se vuelve cada vez más urgente.

Para mí esto es un genocidio de pobres, 5.120 viejos muertos como moscas y Merz recortando fondos climáticos. Me parece que los ricos se llenan los bolsillos mientras nos cocinamos. Esto huele a asesinato, #MerzAsesino
para mi esos 5000 muertos son verso del estado profundo los viejos se mueren xq los dejamos solos no x el calor merz hace bien en cortar fondos la billetera no da pa boludeces verdes viva la libertad carajo