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Un tal Quijote: el idealismo como antídoto contra la oscuridad del presente

La compañía catalana Cascai Teatre presenta en Argentina una puesta de Don Quijote que recupera el espíritu lúdico del clásico y lo convierte en un grito de resistencia frente al realismo contemporáneo. Humor, música y participación del público se combinan en una obra que invita a soñar.

Por Redacción El Sereno · julio 15, 2026
Un tal Quijote: el idealismo como antídoto contra la oscuridad del presente

En tiempos de incertidumbre y desencanto, la compañía catalana Cascai Teatre aterriza en Buenos Aires con una propuesta que promete sacudir el alma: Un tal Quijote, una versión libre y desacralizada del clásico de Cervantes que, lejos de ser una mera adaptación, se convierte en un grito de idealismo necesario para soportar la oscuridad del realismo contemporáneo.

La obra, que se presentará el sábado 4 y domingo 5 de julio en el Teatro Empire, propone un viaje alocado y emotivo por las páginas de la novela más leída después de la Biblia. Pero ojo, no esperen una puesta tradicional: aquí el teatro se mezcla con el humor, la música y la participación del público, en un cóctel que busca devolverle al Quijote su esencia más pura: la de un loco soñador que se niega a rendirse ante la mediocridad.

La trama arranca con un conferencista literario (Marcel Tomàs) que intenta dar una charla erudita sobre Cervantes. Pero todo se va al carajo cuando un electricista gallego (Toni Escribano) irrumpe en escena para arreglar un desperfecto lumínico. De ese choque entre el saber teórico y el hacer manual nace la dupla quijotesca: el idealista y el realista, el que sueña y el que pone los pies sobre la tierra. Así, entre risas y reflexiones, los personajes encarnan las escenas más emblemáticas de la novela: la investidura como caballero, la búsqueda de Dulcinea y el duelo final en Barcelona.

Pero lo que realmente hace explotar esta puesta es su apuesta por la participación del público. En un giro que homenajea la segunda parte del Quijote —donde Cervantes juega con la realidad de su propio éxito—, los espectadores son convocados a subir al escenario para formar parte de la locura. Porque, como dice la obra, todos podemos ser un poco quijotes en esta vida.

La dramaturgia, a cargo de Marcel Tomàs y Susana Lloret, logra una síntesis brillante de una obra monumental. Sin perder la profundidad del original, el texto se acerca al habla coloquial y se apoya en recursos audiovisuales: proyecciones, una cámara en mano que enfoca maquetas con Playmobils y canciones en vivo con cajón peruano. Todo al servicio de mantener vivo el espíritu literario sin caer en la solemnidad.

Y en el medio de todo, el electricista gallego se convierte en la voz del realismo más ácido, lanzando pinceladas de nuestra actualidad distópica. Porque Un tal Quijote no es solo un homenaje al pasado: es un espejo donde mirarnos. En un mundo que parece empeñado en destruir toda utopía, la obra nos recuerda que la ficción, el ideal, la locura de creer en algo mejor, son el único antídoto contra la desesperanza.

Al final, muere Alonso Quijano, pero triunfa el Quijote. Porque el personaje, nacido por escrito, sigue eternamente vivo. Y nosotros, los espectadores, salimos del teatro con una dosis de idealismo que nos ayuda a seguir adelante.

Ficha técnica: Dirección e interpretación: Marcel Tomàs. Intérpretes: Marcel Tomàs y Toni Escribano. Creación: Marcel Tomàs – Susana Lloret. Voz en off: Pep Cruz. Duración: 1h 15 minutos. Funciones en CABA: sábado 4 y domingo 5 de julio a las 20.30 hs en el Teatro Empire. Luego, la obra continúa gira: 12 de julio en Mar del Plata (Teatro Payró) y 14 de julio en Montevideo, Uruguay (Centro Cultural de España).

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Comentarios

  1. Para mí esto es un misil directo al corazón del sistema. Mientras los oligarcas nos quieren dormidos con su realismo de mierda, Cascai Teatre nos invita a soñar como trinchera. Soñar es revolucionario, porque el que sueña no acepta esta realidad de hambre y explotación. ¡Viva Quijote, viva la lucha!

  2. Para mí esto huele a cuento chino. Vienen estos catalanes a vendernos idealismo mientras acá laburamos como burros. El Quijote es un loco, como estos progres que nos quieren lavar el cerebro con su resistencia. ¡Basta de joder con el arte y pónganse a laburar! Viva la patria y el sentido común.

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