El algoritmo de Mubi la puso en ‘Sugerencias para ti’, pero el azar –ese viejo conocido del cine de Martín Rejtman– hizo el resto. La práctica, la última película del director argentino, ya está disponible en la plataforma. Y como todo lo que toca Rejtman, no pasa desapercibida.
La historia sigue a Gustavo, un profesor de yoga interpretado por Esteban Bigliardi, que atraviesa –más mal que bien– la disolución de su vínculo de pareja. La materialidad lo golpea: circula de casa en casa, mantiene como puede la rutina de las clases, se lesiona una vez, se lesiona dos veces. Vive, al comienzo del film, las consecuencias de uno de los tantos temblores que sacuden la superficie chilena (al que, en tanto argentino, él llamará ‘terremoto’). Hacia el final, otro temblor, al que ya no le pondrá nombre.
Rejtman vuelve a sus obsesiones. La paradoja de personajes desapegados pero obsesivos. La reiteración de situaciones que marcan, a modo de compás, un ritmo secreto. El olfato para incidir en los rasgos pequeñitos y cruciales de lo contemporáneo. Y el humor: ese ritmo interno, discreto, eficaz, medido y ensamblado en la repetición como se ensamblaban los golpes en las clásicas comedias de slapstick.
¿Minimalista? Así lo definían en los noventa. Pero La práctica no es solemnidad. Es Gustavo insistiendo pese a la rodilla que se le retoba, pese al yeso que tendrá que portar, pese a la madre (Mirta Busnelli) que viaja de Argentina a Chile no se sabe si para ayudarlo o para agobiarlo. Insiste, observa –a través de él observamos nosotros–, procura respetar sus propias reglas en cuanto al vínculo profesor-alumnos, viaja una y otra vez a un retiro para encontrar algo, esa cuota de sentido que –lo sabemos– en realidad no está en ningún lugar.
El cine de Rejtman lo sabe. Y lo acepta, con una suave risa de fondo. Como aquella Silvia Prieto de 1999, que quedó impregnada en el imaginario de una época junto con el aluvión refrescante del Nuevo Cine Argentino. Ahora, con La práctica, filmada en Chile, el director demuestra que su estilo no envejece. La figurita de porcelana, Rosario Bléfari, el teléfono público de Entel, la marca de jabón ‘Brite’, la escapada a Mar del Plata: todo eso resuena en una película que, como el azar, no necesita explicación.
Gustavo no es histriónico ni reacciona con ímpetu a casi nada. Pero insiste. Y esa insistencia, ese ‘práctica’ del título, es lo que hace que la película funcione. Porque Rejtman sabe que el sentido no está en ningún lugar, pero vale la pena buscarlo igual. Con una rodilla lastimada, un yeso y un terremoto de fondo.

Para mí Rejtman es el único que no se vendió, pero esta peli es puro privilegio de clase media, un profe de yoga sufriendo en Chile mientras acá los laburantes la remamos. Esto huele a intelectual porteño mirándose el ombligo, una caricatura de la izquierda bien.
para mi rejtman es un zurdo de mierda q hace cine aburrido y pedorro minimalista q nadie entiende encima un profe de yoga chileno argentino todo intelectualoide q no labura mejor q se vayan todos a temblar a otro lado este pais necesita menos peliculas de mierda y mas orden firma elgauchopela