Cuenta regresiva. Tras la victoria 3 a 0 ante Argelia, la selección argentina se alista para Austria, su próximo rival. El partido se disputará este lunes en Dallas. Más allá de lo deportivo, este pequeño país ubicado en el corazón de Europa fue durante siglos una de las más grandes potencias de la historia. Su capital, Viena, es considerada una de las ciudades con mejor calidad de vida del mundo.
A continuación cinco datos para conocer al próximo rival del Mundial.
El territorio de la actual Austria perteneció por cientos de años al Imperio Austrohúngaro a través de la monarquía de los Habsburgo. Fue uno de los imperios más poderosos de la historia y abarcaba más de una decena de países actuales. También estuvo en el centro de uno de los hechos que cambiaron el mundo: el asesinato del heredero del imperio, el archiduque Francisco Fernando en 1914 en Sarajevo (actual Bosnia-Herzegovina), episodio que desencadenó la Primera Guerra Mundial.
“La Austria moderna surgió de un imperio multilingüe y multiconfesional que conectaba Europa central, oriental y sudoriental. Las cuestiones de diversidad y convivencia no son fenómenos nuevos, sino que tienen profundas raíces históricas”, indicó Carina Siegl, historiadora de la Universidad de Viena e investigadora del Instituto de Investigaciones Históricas de Austria. Por su parte, Andrés Reggiani, doctor en Historia y docente de la Universidad Torcuato Di Tella, consideró que el recuerdo de ese imperio “está asociado con la preservación del patrimonio cultural que tiene ramificaciones y beneficios turísticos”, más que a un deseo de los austríacos de volver al imperio.
Los austríacos siempre mantuvieron una cercanía con los alemanes, por su idioma, cultura e historia. Años después, en 1938, cuando el dictador nazi Adolf Hitler estaba en el poder, Austria fue anexada por la fuerza por su vecino que estaba en plena expansión en el continente. La Segunda Guerra Mundial, que había iniciado en 1939 tras la invasión alemana en Polonia, terminó con la derrota de los nazis en 1945 en manos de los Aliados, que liberaron del Tercer Reich a países como Francia y Noruega. Austria, tras su liberación, fue vista más como una víctima que como partícipe de los crímenes humanitarios contra judíos y minorías.
Fue así que después el país logró desarrollar una identidad nacional mucho más fuerte que la anterior y más separada de los alemanes. “Austria es un Estado relativamente joven; la identidad nacional austríaca se desarrolló gradualmente a lo largo del siglo XX”, agregó Siegl. Sin embargo, advirtió, el país “no afrontó todavía su pasado fascista como sí lo hizo Alemania”.
Hoy viven en su territorio nueve millones de personas, que hablan el idioma alemán con dialecto austríaco. Austria sigue siendo un puente entre Europa occidental y oriental con una fuerte economía y diplomacia. La identidad de los austríacos suele girar, según Siegl, en torno a la gastronomía, las tradiciones, la música, los deportes de invierno, los cafés y los paisajes, aunque la nostalgia imperial sigue siendo fuerte.
Austria ocupa un lugar destacado en la historia de la cultura europea. En su territorio nacieron dos de los compositores más influyentes de la música clásica: Wolfgang Amadeus Mozart, nacido en Salzburgo en 1756; y Franz Schubert, nacido en Viena en 1797. Sus obras siguen siendo interpretadas en teatros y salas de concierto de todo el mundo y forman parte del patrimonio cultural de Occidente. No es casual que Viena sea considerada una de las grandes capitales culturales de Europa. Durante siglos fue un centro de producción intelectual y artística que atrajo a músicos, escritores, científicos y pensadores de todo el continente. La música ocupa un lugar central en la identidad nacional. La capital alberga la célebre Ópera Estatal de Viena, uno de los teatros líricos más prestigiosos del mundo y símbolo de la tradición musical.
La historia imperial también sigue presente. Uno de los grandes símbolos del país es la emperatriz Sissi, convertida en mito por películas, series y novelas. Fue emperatriz consorte desde 1854 hasta su asesinato en 1898. Buena parte de su vida transcurrió en el Palacio de Schönbrunn, la majestuosa residencia de verano de los Habsburgo, que hoy es uno de los principales atractivos turísticos. “Para muchos austríacos es un ícono y un símbolo cultural y turístico asociado a una imagen idealizada de la monarquía de los Habsburgo. Su imagen está muy mediada por las películas de los años 50 protagonizadas por la actriz Romy Schneider, que presentaron una versión más bien romántica y edulcorada de su vida”, comentó Reggiani.
El país también está estrechamente vinculado con Sigmund Freud, bautizado como el padre del psicoanálisis. Aunque nació en la actual República Checa, entonces parte del Imperio austrohúngaro, se mudó a Viena cuando tenía apenas cuatro años y desarrolló allí gran parte de su obra. Desde la capital austríaca revolucionó la comprensión de la mente humana y sentó las bases de una disciplina que tendría después una enorme influencia en la psicología.
Tras años de inestabilidad, divisiones territoriales y una búsqueda de una identidad separada de su vecino Alemania, Austria se caracteriza por su fuerte diplomacia y goza de solidez política con un sistema parlamentario. “Viena es una de las grandes capitales diplomáticas del mundo junto con Ginebra (Suiza) y Nueva York (Estados Unidos). Austria tiene un peso diplomático desproporcionado en relación con su dimensión, ya que es un actor importante en cuestiones de seguridad y control nuclear”, analizó el historiador Reggiani. Según marcó, tiene un rol activo en la Unión Europea y participa activamente en la defensa europea aunque no pertenezca a la OTAN, la alianza militar de Europa y Estados Unidos.
Austria también es uno de los países donde más creció la derecha nacionalista, corriente que a comienzos de siglo era considerada peligrosa para la democracia en medio del temor a un neo nazismo. Viena luego comprobó lo contrario. El Partido de la Libertad de Austria (FPÖ) fue pionero de la derecha europea y gobernó en coalición desde los 2000. El FPÖ, explicó Reggiani, compite normalmente por el primer o segundo puesto a nivel nacional. “En aquel entonces Europa trató a Austria como un caso de alarma democrática y se lo aisló políticamente de la Unión Europea a modo de sanción”, sumó. Con el tiempo Viena demostró que era normal cooperar entre conservadores y los de extrema derecha sin socavar el régimen democrático. Hoy gobierna una coalición tripartita integrada por conservadores, socialdemócratas y liberales.
La gastronomía austríaca también refleja la compleja historia del país. Klaus-Juergen Hermanik, historiador y profesor de la Universidad de Graz, sostuvo que muchas de las comidas que se consideran típicamente austríacas son en realidad el resultado de siglos de intercambios culturales durante la monarquía de los Habsburgo. Incluso uno de los platos más emblemáticos del país, el Wiener Schnitzel, el famoso escalope frito o “milanesa”, tendría origen fuera de sus fronteras: “Se originó en el norte de Italia”, afirmó Hermanik.
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Para mí estos austriacos se creen la última coca del desierto por un milagrito de hace 50 años. 9 millones de personas, un barrio de Buenos Aires. Me parece que les vamos a pasar por encima, como siempre. Vamos Argentina, a demostrar quién manda. Messi es Dios y punto.
Para mí esto huele a choreo de la FIFA y los yankis, quieren afanarnos el mundial con Austria, ese país imperialista que nos masacró en el 78 con la dictadura. ¡Che, vayan a laburar! Argentina va a pasar con el poder del pueblo, no con vendidos al sistema. #FuerzaSelección