Maine García, hija de Matilde Itzigsohn —trabajadora del Astillero Río Santiago detenida-desaparecida el 16 de marzo de 1977—, no se calla. En una carta dirigida al presidente del Astillero Río Santiago (ARS), Gonzalo Ibendahl, denunció una práctica que calificó como «métodos con una genealogía siniestra». El motivo: el hostigamiento anónimo que vienen sufriendo Verónica Giraldi y Victoria Lago, dos trabajadoras despedidas que luchan por su reincorporación.
García se reunió con ambas mujeres, quienes le mostraron los volantes anónimos que circularon dentro de la fábrica. En esos panfletos, se las señalaba como responsables de su propia situación laboral. «Quienes vivimos de cerca lo que pasó en el Astillero antes y durante el golpe de 1976 sabemos muy bien cómo funcionaban esos métodos», escribió García en la misiva, que también fue enviada a Francisco Banegas (Secretario General de ATE Ensenada), Estela Díaz (Ministra de Mujeres y Diversidad), Matías Moreno (Subsecretario de Derechos Humanos) y Mario Secco (Intendente de Ensenada).
La carta no deja lugar a dudas: «Los volantes anónimos, los señalamientos, la difusión de información para marcar a activistas: esas eran las herramientas que se usaban para estigmatizar, para aislar, para justificar lo que vendría después». Y agrega: «Mi madre fue una de las que fueron marcadas de esa manera». García adjuntó copias de volantes de 1975, distribuidos por la burocracia sindical, donde se señalaba a su madre y a otros compañeros como «zurdos» a los que había que «limpiar».
Pero el caso no es aislado. Según la denuncia, Victoria Lago ya había sido víctima de un escrache anónimo semanas después de su despido: una foto suya en malla, extraída de su Instagram personal, fue distribuida en la fábrica. «Estamos ante una práctica sistemática y reiterada de hostigamiento, no ante un hecho aislado», remarcó García. Y lanzó una acusación directa: la información de los volantes solo puede venir de la empresa o del gremio. «El anonimato no borra esa evidencia. El silencio de ambas instituciones frente a su circulación tampoco».
Lo que hace aún más grave el caso es que Verónica y Victoria son sobrevivientes de violencia de género. En su momento, el Astillero activó los protocolos correspondientes: el equipo interdisciplinario intervino, hubo registros. Pero cuando comenzaron a sufrir las consecuencias —problemas de salud mental, ausencias por tratamientos—, nadie hizo seguimiento. «Eso no es un olvido administrativo: es una ausencia total de perspectiva de género», sostiene García, que exige que se rompa el silencio.
El Astillero Río Santiago tiene 46 detenidos-desaparecidos, la cifra más alta entre las fábricas del país. «Hoy ese silencio no puede ser otra cosa que complicidad», concluye García, que pide repudio público, investigación y garantías de que no se repitan estas prácticas. «Hay memorias en esta fábrica que no se van a dejar pisotear».

Para mí esto es exactamente la misma lógica de la dictadura: hostigamiento, silencio cómplice, persecusión. Los mismos métodos de los milicos, ahora con traje de empresa. Mientras sigan bancando desde arriba, el ARS va a seguir siendo un basural de derechos humanos. ¡Repudio total a estos fachos encapuchados!
Para mí esta Maine es una viva que usa a su vieja para hacerse la víctima. El ARS es una empresa modelo, no una cueva de zurdos. Esto huele a teatro montado por la izquierda. Yo creo que el presidente tiene que bancarla firme y no dejarse chorear por esta payasa. Firmado: El Güey.