El miedo a manejar no es una simple molestia: para muchos, se convierte en una cárcel que les impide cumplir sueños y avanzar en la vida. Según la psicóloga Amorina Díaz, especialista en amaxofobia, detrás de cada caso hay una historia de vida y, muchas veces, un sueño postergado que puede demorar hasta tres décadas en superarse.
“La persona que tiene miedo a manejar pierde independencia y confianza en sí misma; luego, no se anima, por ejemplo, a cambiar de trabajo o a pedir un aumento salarial cuando lo necesita”, explicó la profesional, que asegura tener más de 1500 casos de éxito en su haber.
La amaxofobia no discrimina, pero tiene un perfil: la mayoría de los pacientes son mujeres de entre 30 y 50 años. “Si bien hay casos también de personas más jóvenes, a ellos no les influye tanto porque pueden usar el transporte público. En cambio, una mujer que es madre y tiene que llevar los chicos al colegio o que se mudó lejos de su trabajo, les influye más el hecho de manejar”, detalló Díaz.
Detrás de cada persona con este temor hay un sueño por cumplir: visitar a un ser querido, llevar a los hijos al colegio, conseguir un mejor trabajo o simplemente recuperar la autonomía. La pandemia, según la especialista, dejó una enseñanza: “Nos ayudó, como sociedad, a entender que somos seres finitos. Esa toma de conciencia hizo que muchos sueños que antes se postergaban comenzaran a convertirse en una prioridad”.
Las causas del miedo al volante son variadas. La primera está relacionada con personas inhibidas, que se preocupan por el qué dirán. La segunda responde a estilos de crianza sobreprotectores. La tercera, y más común en hombres, surge a partir de un evento traumático como un siniestro vial. También influye un componente sociocultural: historias familiares donde las mujeres nunca manejaron o entornos donde se transmitía miedo al volante.
El primer indicador de la fobia es la evitación: la persona busca excusas para no manejar. A eso se suma un miedo intenso al ponerse al volante y la creencia de que algo malo va a suceder. Muchos no identifican que padecen un trastorno tratable. Existen dos tipos: la parcial, donde se conduce solo en zonas conocidas, y la total, donde directamente no se maneja bajo ninguna circunstancia.
Un testimonio recogido refleja la gravedad del problema. “Saqué la licencia a los 18 años porque vivía en Pilar y se me dificultaba la movilidad. En la autoescuela me iba bien, pero cuando me tocó salir sola directamente soltaba el volante porque me imaginaba los peores escenarios”, relató Manuela, de 26 años, que hace cinco que no maneja pese a tener auto propio.
El tratamiento, con acompañamiento profesional, suele durar unos tres meses. La primera etapa busca “reestructurar” la forma de pensar para que la persona deje de asociar manejar con peligro. Luego se recomienda practicar acompañado, idealmente un domingo a la mañana cuando hay poco tránsito. A medida que el miedo disminuye, se avanza a recorridos cortos sin compañía.
Díaz hizo un llamado a construir una convivencia vial más amable: “Conducir con empatía, cuidar la propia seguridad y la de los demás, y entender que ante un choque reaccionar con enojo no resuelve nada”.

para mi esto es otra excusa de zurdos para no laburar amaxofobia es debilidad pura dejate de joder y agarra el volante como un macho las minas de 30 a 50 se hacen las victimas pero en la calle te pasan por arriba con el celular argentina se va al carajo por blanditos
Para mí esto es otro verso del patriarcado para tenernos encerradas en casa. ¿Miedo a manejar? ¡Basta de excusas! Agarrá el volante y salí a laburar, no seas cagona. La amaxofobia es un invento para que las mujeres de 30 a 50 años no tengan independencia. ¡Dejá de llorar y lucha!