En un giro que sacude los cimientos de la monarquía más longeva del planeta, el Parlamento japonés avanza a paso firme para cerrarles la puerta del trono a las mujeres. La Cámara Baja dio luz verde a una modificación de la Ley Imperial que, de ser ratificada por la Cámara Alta, consolidará la exclusión femenina en la sucesión de la dinastía Yamato, con más de 2.600 años de historia ininterrumpida.
La iniciativa, impulsada por el gobierno conservador de Sanae Takaichi, busca resolver la crisis de sucesión que amenaza la continuidad de la Casa Imperial. Con solo tres miembros elegibles para el trono, y apenas un varón en la generación más joven, el príncipe Hisahito, la presión por reformar la ley se había intensificado. Sin embargo, la solución elegida no es la igualdad de género, sino la adopción de descendientes varones de antiguas ramas imperiales.
Según el proyecto aprobado, las mujeres podrán permanecer en la familia imperial después de casarse con plebeyos, algo que hasta ahora las obligaba a abandonar la Casa y perder todos sus derechos. Pero esa concesión tiene un precio: jamás podrán ascender al trono, aunque estén en la línea sucesoria. Los adoptados varones, por su parte, no podrán reinar, pero sus hijos varones sí.
El caso más emblemático es el de la princesa Aiko, única hija del emperador Naruhito y la emperatriz Masako. Durante años fue vista como la posible primera emperatriz reinante, pero el nacimiento de su primo Hisahito en 2006 sepultó esa esperanza. Ahora, la reforma consagra legalmente lo que la naturaleza ya había decidido.
La historia reciente está marcada por el destierro de mujeres que osaron casarse por amor. La princesa Mako, prima del emperador, se casó con un plebeyo en 2021 y fue expulsada de la familia real, mudándose a Nueva York sin posibilidad de ver a los suyos. Con la nueva ley, situaciones como la suya cambiarán: las princesas podrán conservar su estatus y residir en palacio, pero sus hijos jamás heredarán el trono.
La reforma, que aún debe ser aprobada por la Cámara Alta, ha generado un intenso debate en la sociedad japonesa. Mientras los sectores más tradicionales celebran la preservación de la línea masculina, críticos y grupos feministas denuncian una discriminación institucionalizada que condena a las mujeres a un rol secundario en la institución más emblemática del país.
Con esta medida, Japón se distancia de otras monarquías modernas que han permitido la sucesión femenina, como la británica o la española. La dinastía Yamato, que se jacta de ser la más antigua del mundo, elige blindar su tradición antes que adaptarse a los tiempos que corren.

Para mí Japón hizo bien en blindar el trono a las minas. Las feministas lloran pero la tradición es tradición. La dinastía más antigua del mundo no se va a arruinar por caprichos modernos. Viva el Emperador y que se jodan los progres de mierda. Firmado: ElAmigoDelSolNaciente
Para mí esto huele a feudalismo rancio. Blindar el trono a las mujeres es machismo puro, la dinastía más antigua se cae a pedazos y ellos prefieren un varón inútil antes que una reina con huevos. Me parece patético, un curro de conservadores. ¡Revolución ya!