Una investigación que comenzó con allanamientos en una humilde tienda de fundas de celular en el Complexo do São Carlos, una favela de Río de Janeiro, terminó destapando una madeja que conecta al narcotráfico brasileño con el financiamiento de organizaciones terroristas internacionales. La Operación Hawala, presentada el miércoles pasado por el Ministerio Público y la Policía Civil de Río, dejó al descubierto una estructura que habría lavado unos 19 millones de dólares entre 2021 y 2024 para las tres facciones criminales más poderosas de Brasil: el Primer Comando Capital (PCC), el Comando Vermelho (CV) y el Terceiro Comando Puro (TCP).
Pero el dato que puso la causa en el centro de la escena internacional fue un hallazgo lateral: los investigadores detectaron una relación comercial entre una empresa vinculada a los acusados y un hombre sancionado por la OFAC, la oficina del Tesoro de Estados Unidos que administra las sanciones económicas, señalado por integrar una estructura de financiamiento de Al Qaeda y Hezbollah. Ese hombre fue detenido en Río durante el operativo, y en los allanamientos aparecieron menciones a Hezbollah, la organización chiita libanesa cuya red de recaudación en la Triple Frontera es investigada desde hace tres décadas.
La denuncia presentada por el grupo antimafia del Ministerio Público de Río contra 22 personas, aceptada íntegramente por el juez Alexandre Abrahão Dias Teixeira, es por lavado de activos para las facciones. La palabra terrorismo no aparece en el comunicado oficial de los fiscales: la hipótesis del vínculo con Al Qaeda y Hezbollah es, por ahora, una línea de investigación policial que empezará a profundizarse.
El caso empezó lejos de cualquier hipótesis de terrorismo. La policía investigaba una tienda “multimarcas” en el Complexo do São Carlos, controlado por el Terceiro Comando Puro. El local vendía productos falsificados y recibía celulares robados. Su titular formal, Bárbara Luzia Souza de Carvalho, casada con el dueño del comercio, es descripta por los fiscales como una de las principales operadoras financieras de la organización: administraba empresas con facturación incompatible con su capacidad económica declarada, a través de las cuales movió decenas de millones de reales.
El rastreo de ese comercio destapó una arquitectura mucho más grande. Decenas de empresas fachada registradas en varios estados, transferencias sucesivas entre firmas vinculadas, testaferros, contadores que omitían los reportes de operaciones sospechosas al organismo antilavado brasileño, y el método conocido como “smurfing”: depósitos fraccionados en efectivo, de montos pequeños, diseñados para no activar las alertas del sistema financiero. La estructura funcionaba como una “prestadora de servicios” del crimen organizado: había nacido para lavar la plata del TCP, pero la misma ingeniería procesaba fondos del Comando Vermelho y del PCC, tres facciones que se enfrentan entre sí en las favelas y comparten, sin conflicto aparente, la misma estructura de lavado.
El nombre de la operación, Hawala, apunta al sistema informal de transferencia de valores, de origen milenario en Medio Oriente y el sur de Asia, que permite mover dinero entre países mediante una red de intermediarios que compensan créditos y deudas entre sí, sin que los fondos crucen físicamente ninguna frontera ni pasen por un banco. Es, por diseño, invisible para los reguladores. Y es el mecanismo que, según las investigaciones internacionales, conecta históricamente el comercio de la Triple Frontera con las redes de financiamiento en Líbano.
En el centro del capítulo fronterizo del expediente hay un núcleo de empresarios de origen libanés. Los hermanos Reda, Yasser y Kassem Zayoun —Reda fue detenido en Foz de Iguazú, donde se realizaron cinco allanamientos— son señalados como los responsables de ampliar la circulación internacional del dinero: empresas registradas en San Pablo y Minas Gerais movían valores entre los operadores financieros, las firmas de pantalla y los integrantes de las facciones en Río. Entre los 22 denunciados figuran al menos otros cuatro apellidos de la colectividad libanesa —Alfakih, Awad, Dib y Diab—, y en San Pablo la policía paulista colaboró en la captura de libaneses presuntamente ligados a Hezbollah, según trascendió en la prensa brasileña.
La sospecha de una posible relación con el terrorismo internacional tiene que ver con la Triple Frontera, monitoreada desde los años noventa como un polo logístico y financiero de organizaciones terroristas: por allí pasaron los recaudadores de Hezbollah investigados tras los atentados a la embajada de Israel y la AMIA en Buenos Aires, y el clan Barakat, cuyo jefe fue detenido en Foz en 2018 a pedido de la Justicia Federal argentina. En diciembre de 2021, el Tesoro norteamericano sancionó a una red de Al Qaeda asentada en Brasil —tres hombres y dos empresas—, la primera designación de ese tipo en el país. Alguno de esos nombres, o de los que se agregaron después a la lista, sería el hombre cuya transacción con las empresas de los Zayoun disparó la nueva fase de la pesquisa.
Para la Argentina, la Operación Hawala no es un asunto ajeno, ya que describe el circuito financiero de una zona que siempre es mirada con atención por los investigadores locales. El 17 de junio pasado, la Policía Federal de Carreteras de Brasil interceptó en Santa Terezinha do Iguaçu, a 30 kilómetros de Puerto Iguazú, un camión que transportaba alimento para animales y, escondidos entre la carga, 27 fusiles, 16 pistolas y más de 5000 municiones. Cinco de las armas largas eran FAL; una llevaba el escudo del Ejército Argentino y su numeración. La sospecha oficial es que integra el remanente de los 43 fusiles robados del Batallón 603 de Fray Luis Beltrán, cerca de Rosario, un faltante que las fuerzas armadas argentinas nunca terminaron de explicar y cuyo destino final fueron, precisamente, el PCC y el Comando Vermelho.
Armas que surgen desde la Argentina y Paraguay hacia las facciones; cocaína que baja por la Hidrovía y cruza hacia los puertos atlánticos; dinero que se compensa por el sistema hawala entre Foz de Iguazú, Ciudad del Este y Líbano sin tocar un banco. Los tres flujos usan la misma geografía y, como sugiere el expediente que se abrió en Río de Janeiro, a veces los mismos operadores.

para mí esto huele a cuento de la CIA para justificar la intervención yanqui en la Triple Frontera. el PCC es un chivo expiatorio mientras los mismos de siempre llenan sus bolsillos. ¡basta de hipocresía! territorio en disputa, no nido de terroristas. firmado: el Che Guevara de internet.
che y estos zurdos de mierda defienden inmigracion el pcc lava plata pa hezbollah y al qaeda en la triple frontera y los progres aplauden para mi hay que cerrar todo ya o nos estalla argentina viva la patria carajo 🐱👤💪 #PCC #Hezbollah