El barrio de Colegiales, conocido por sus calles arboladas y casas bajas, vive un boom gastronómico que promete cambiarle la cara. Nuevos restaurantes, cafés y bares eligen este rincón porteño para instalarse, atraídos por su perfil residencial y su aire de pueblo en medio de la ciudad. “El nuestro es un proyecto familiar y estábamos todos de acuerdo en que queríamos estar por acá, nos encanta esta zona, siento que sigue siendo barrio”, dice la chef Lucila Rodríguez, quien acaba de abrir Burdo en una icónica esquina frente a la plaza San Miguel de Garicoits.
La movida no para. Max Fuzowski, un politólogo polaco, inauguró en marzo el bistró Smak en la calle Delgado. “Tengo 43 años y, sobre todas las cosas, me gusta la tranquilidad y Colegiales tiene eso”, explica. Su local, que reemplazó al antiguo Marta, ofrece platos con influencias latinoamericanas, argentinas, francesas y polacas. El hit: un panchito con langostinos en manteca noisette, tártara de choclo y papas paille.
Otra de las novedades es Felisa, una parrilla moderna que abrió en Zapiola. Con un amplio salón, barra de cócteles y un jardín que evoca el espíritu barrial, su carta incluye calamares a las brasas, empanadas de carne y queso azul, y un yaki-bife por porciones. El chef Gianluca Zago está al mando.
La panadería Atelier Fuerza también se sumó al barrio, mudando su centro de producción a Superí y abriendo una tienda donde venden medialunas, pan de masa madre y facturas. “Después de un año entero de trabajo, finalmente mudamos nuestro centro de producción principal”, señalaron sus dueños.
Las grandes cadenas no se quedan atrás. Norimoto, famoso por sus hand rolls, desembarcó en Virrey Avilés, mientras que la heladería Nausicaä, un clásico del barrio, se mudó a una casona en Freire donde ofrece 40 sabores, cafetería y hasta una librería.
Para los amantes de la música, Diez Treinta Restaurante combina cocina, vinos y vinilos en un listening bar que ya es furor. Su carta incluye berenjenas “unagi”, tataki de bife de chorizo y curry de langostinos. Y no falta el bar de pastas Guachín, abierto por cuatro amigos de la infancia, que ofrece agnolottis, gnocchi y lasagna con un 2×1 en aperitivos.
Finalmente, La Condesa, en la esquina de la plaza San Miguel de Garicoits, se consolida como punto de encuentro con su cocina argentina tradicional: buñuelitos de verdura, provoleta y ocho variedades de milanesas.
Colegiales, el barrio de los virreyes, ya no es solo un lugar para vivir: se está convirtiendo en un polo gastronómico que compite con Palermo. Y los vecinos, felices.

che pero q berretada loco ahora Colegiales lleno de restoranes falopa pa chetos q huyen de Palermo los virreyes se va a convertir en un circo lleno de zurdos vendehumo tomando copetin se caga la tranquilidad del barrio viva la patria carajo firmado el Gauchito Castro
para mi esto es una cagada otro barrio arruinado por chetos con guita los pendejos con macbooks se van a cagar a tiros por un cafe de mierda la especulacion inmobiliaria nos mata firmado el anarcocomunista de lanus