El mundo entero contuvo el aliento cuando Donald Trump y Masoud Pezeshkian estamparon la firma virtual de un memorando de entendimiento para apagar el incendio bélico que arrasa Medio Oriente. Pero la esperanza duró menos que un suspiro: a las 48 horas, el pacto ya era papel mojado.
El miércoles 17, Estados Unidos e Irán sellaron un compromiso de 14 puntos que incluía el cese inmediato de hostilidades, el levantamiento del bloqueo naval y la liberación de activos iraníes congelados. Sin embargo, el primer ítem –el fin de la guerra en todos los frentes, incluido el Líbano– dependía de un actor que no firmó nada: Israel.
Benjamin Netanyahu, lejos de acatar el alto el fuego, redobló los ataques. Horas después de la rúbrica, bombardeos israelíes en decenas de ciudades del sur libanés dejaron al menos 47 muertos y cientos de heridos. La respuesta de Irán fue inmediata: el sábado, el Comando Central de sus Fuerzas Armadas cerró el estrecho de Ormuz, paralizando el tránsito de casi mil barcos que esperaban desde marzo.
“Es un flagrante incumplimiento de la primera cláusula”, denunció Teherán, mientras el Pentágono aseguraba que el paso seguía abierto y que 55 buques habían cruzado sin problemas. Las versiones chocan, pero los hechos son tozudos: el precio del petróleo, que había caído eufórico el jueves, volvió a dispararse.
El memorando, negociado con la mediación de Pakistán y el respaldo de China, Rusia, Turquía y Qatar, otorga a Irán concesiones clave: respeto a su soberanía, levantamiento de todas las sanciones (incluidas las de la ONU y el OIEA) y liberación de sus fondos congelados. Pero la sombra de Trump, famoso por despreciar los acuerdos, planea sobre el proceso.
En la cumbre del G7 en Francia, el presidente estadounidense presionó públicamente a Netanyahu: “Bibi debe ser más responsable; está muriendo demasiada gente en el Líbano. Para atacar a Hezbolá no hacía falta derribar edificios con civiles”. Y, en un alarde de cinismo, admitió su complicidad: “Sin mí, Israel no existiría”.
El vicepresidente J.D. Vance fue más lejos: “Cuando parece que estamos a punto de lograr un avance, de repente explota una bomba en Beirut. Eso es inaceptable”. Pero Netanyahu respondió con un desafío: “Israel permanecerá en la franja de seguridad del sur del Líbano todo el tiempo que sea necesario”.
Trump, entonces, decidió jugar sucio: empezó a sondear a los rivales del premier israelí de cara a las elecciones del 27 de octubre. “Apoyaré a Netanyahu, pero necesita ser más racional”, advirtió, mientras coquetea con el ex primer ministro Naftali Bennett y el exjefe militar Gadi Eisenkot.
La película ya se vio antes: marchas y contramarchas, noticias falsas y violaciones de promesas. Pero esta vez, el reloj corre. Quedan 58 días para que el memorando se convierta en paz o en cenizas. Y mientras tanto, el Líbano sangra.

Para mí este pacto Trump-Irán era humo imperialista, y Netanyahu lo dinamita porque el sionismo no quiere paz. Ojalá los pueblos cierren Ormuz para siempre y frenen las bombas en Líbano. ¡Abajo el sionismo, viva la resistencia!
che pero estos forros de Iran y sus amiguitos se pensaban q trump los iba a salvar? para mi netanyahu tiene mas huevos q todo el congreso yankee. el estrecho se cierra? bien ahi q se pudran los iranies y sus cohetes viva israel carajo firmado elgauchojudio