La xenofobia volvió a teñir de sangre las calles de Sudáfrica. En las últimas semanas, una oleada de violencia contra inmigrantes africanos desató el pánico en varias ciudades del país, provocando repatriaciones masivas y una crisis humanitaria que ya suma cientos de desplazados. El aeropuerto Oliver Reginald Tambo, en Johannesburgo, fue testigo de una escena desgarradora: trescientos ghaneses, entre ellos mujeres y niños, hacían fila para abordar un vuelo de regreso a Accra. Habían pasado años trabajando en tierras sudafricanas, muchos montando pequeños negocios informales, pero ahora huían de la furia de grupos que los acusan de robar empleos y colapsar los servicios públicos.
El gobierno de Nigeria también reportó que al menos 130 ciudadanos solicitaron la repatriación. La mecha se encendió entre finales de abril y principios de mayo, cuando el movimiento March and March, apoyado por Operación Dudula y sectores de partidos como ActionSA y la Alianza Patriótica, lanzó protestas exigiendo deportaciones masivas. Los discursos incendiarios señalaban a los extranjeros como responsables del desempleo, la sobrecarga de hospitales y escuelas, y la delincuencia. Pero la realidad es otra: los migrantes representan apenas el 4% de la población sudafricana, mientras que más del 43% de la población activa está desempleada o dejó de buscar trabajo, según Human Rights Watch.
Mozambique también sintió el golpe. A principios de mayo, trabajadores inmigrantes intentaron bloquear la ruta Ressano García, la principal conexión entre Maputo y Gauteng, como respuesta a la violencia. Aunque el bloqueo no se concretó, generó largas colas y movilizó a las fuerzas policiales de ambos países. Las autoridades de Maputo confirmaron que miles de mozambiqueños ya regresaron ante el clima de inseguridad. La comunidad mozambiqueña en Sudáfrica suma unos 300.000 ciudadanos, muchos ligados a la minería desde hace más de un siglo.
Malaui tampoco se salva. Más de 200 malauianos manifestaron su intención de volver a su país, reviviendo el trágico recuerdo de Grace Manda, una trabajadora migrante cuyo hijo de un año murió en 2025. Grace intentó llevar al pequeño, que sufría diarrea y vómitos, al hospital de Alexandra, pero miembros de Operación Dudula le impidieron la entrada por ser extranjera. Le dijeron que debía ir a una clínica privada. Otras clínicas se negaron a atenderla por miedo a las inspecciones violentas del grupo. Sin poder pagar servicios privados, el niño falleció.
Los somalíes, unos 70.000 en el país desde los años 90, son blancos habituales de saqueos y ataques. Se establecieron como pequeños comerciantes en los townships, y sus tiendas son destruidas sistemáticamente. Las organizaciones comunitarias somalíes registraron decenas de asesinatos y cientos de ataques. En la masacre de 2008, que dejó 62 muertos, al menos tres somalíes estaban entre las víctimas, y cientos de locales fueron arrasados.
Los zimbabuenses, sin embargo, son el blanco principal. Su migración es constitutiva del paisaje social sudafricano. En abril, el consulado de Zimbabue en Ciudad del Cabo asistió a 67 ciudadanos y 21 niños expulsados de sus hogares en East London, tras acciones de grupos de vigilantes. Los comerciantes denuncian cierres forzosos. Los ataques de 2008, 2015 y 2019, y ahora los de Operación Dudula y March and March, dirigen su odio especialmente contra ellos.
Detrás de esta ola de violencia no hay una reacción espontánea, sino una instrumentalización política. El Congreso Nacional Africano (CNA) gobierna en coalición con partidos de derecha como la Alianza Democrática y la Alianza Patriótica. Diferentes actores políticos compiten por el apoyo popular culpando a los migrantes. Operación Dudula, cuyo nombre en zulú significa “empujar hacia fuera” o “expulsar”, surgió en Soweto en 2021 como una campaña de vigilancia paramilitar. Realizan patrullas, exigen documentos, allanan comercios y expulsan a inmigrantes. Con el tiempo se expandieron a varias provincias y hoy hasta participan en elecciones.
La afrofobia es un síntoma alarmante de la incapacidad del capitalismo sudafricano para satisfacer las reivindicaciones democráticas y de liberación nacional. Durante el siglo XX, millones de africanos se solidarizaron con la lucha contra el apartheid. Décadas después, las promesas incumplidas del CNA dejaron un caldo de cultivo para el odio. Mientras tanto, miles de personas siguen huyendo, dejando atrás sus vidas, sus sueños y, en algunos casos, a sus muertos.

che pero estos negros de mierda se creen que pueden venir a vivir de arriba en sudafrica para mi la xenofobia es una respuesta natural cuando invaden tu pais operacion dudula hace lo que el estado no se anima limpiar la villa que se vayan todos a su tierra aca no hay lugar pa parasitos viva la raza sudafricana
Para mí esto es una traición asquerosa. Los mismos que predican panafricanismo son los primeros en cagar a sus hermanos. Operación Dudula huele a financiamiento de blancos de mierda para dividirnos. Unidad africana o muerte, carajo. No nos van a parar.