En la tranquilidad rural de Villa Elisa, departamento entrerriano de Colón, la vida silvestre se cruza a diario con la rutina de las colonias. Pero esa mañana, Bruno notó algo raro en el cielo: un grupo de caranchos daba vueltas sobre el cuerpo sin vida de una zorra de monte. Al acercarse, descubrió que la escena escondía una pequeña luz de esperanza. Junto a la madre muerta, indefensa y con apenas días de vida, estaba una cachorrita. Sin protección ni alimento, su destino bajo las garras de las rapaces era seguro. Bruno la tomó con cuidado y la llevó a su casa, donde su esposa Victoria y sus hijos Eugenia y Simón la recibieron con urgencia.
Para esta familia de campo, amamantar a una cría no era algo nuevo. Con paciencia, le dieron leche, calor y vitalidad. La bautizaron Carmen. La zorrita (Cerdocyon thous) pronto se integró a la dinámica del hogar: jugaba con los chicos y convivía con los perros. Pero la familia siempre supo que el hogar era solo una estación de paso: Carmen pertenecía al monte.
Cuando empezó a crecer, Victoria y Bruno contactaron a las autoridades ambientales para iniciar el protocolo de restitución. El guardaparque provincial Jaime Borda, de la Reserva Arroyo Perucho, evaluó el caso y coordinó con Paul Zaragoza, de Villaguay, el traslado a la Reserva Municipal La Chinita. Allí, el equipo evaluó su salud y conducta. “Tras un exhaustivo período de observación y un plan para que recuperara sus instintos silvestres, se determinó que el lugar ideal para su suelta era la Reserva de Usos Múltiples El Guayabo”, explicó Borda.
Finalmente, Carmen dejó atrás las mamaderas y el techo que le salvó la vida para dar sus primeros pasos en libertad. “Liberar un animal silvestre no es abrir la jaula y listo. Detrás hay un proceso clave. Pasó por tres etapas: evaluación de salud y hábitos, rehabilitación evitando el contacto humano, y liberación estratégica en un área protegida con alimento, refugio y bajo riesgo humano. El mayor riesgo no es el rescate, sino una mala liberación”, detalló Borda.
La historia deja información valiosa sobre la responsabilidad ciudadana. En las colonias entrerrianas es habitual ver cachorros de zorro o gato montés cerca de viviendas. Lo que SÍ hay que hacer: informar de inmediato a autoridades ambientales, guardaparques, Bomberos Voluntarios o Policía de Brigada Abigeato/Rural. Si el animal está en peligro inminente, resguardarlo temporalmente mientras se da aviso a expertos. Lo que NO: intentar retenerlo de forma permanente, ya que perjudica su salud y altera el equilibrio de la fauna local.
El rescate y liberación de Carmen fue una cadena donde cada eslabón funcionó. Una prueba de que cuando el compromiso humano se alinea con la gestión ambiental, las historias de la naturaleza tienen final feliz.
kcheee re lindo el final de carmen pero para mi esto huele a romantizacion de la tenencia de fauna silvestre los humanos siempre cagando todo si querias salvar un bicho lo llevabas a un centro de rehabilitacion no lo criabas en tu casa como un perrito viva la libertad animal abajo el antropocentrismo fdo elzorro loco
che pero q bien q se salvo la zorrita lastima q la soltaron en vez de dejarla con la familia los progres de siempre creyendo q el animal sufre menos en el monte para mi los caranchos son una plaga tendrian q fumigarlos a todos viva la libertad carajo