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El mito eterno: el Indio Solari y la deuda que tenemos como generación

La muerte del Indio Solari desató una ola de dolor y nostalgia que recorrió todo el país. Miles lo despidieron en la calle, pero también quedaron preguntas incómodas sobre su legado y sus sombras.

Por Redacción El Sereno · junio 28, 2026
El mito eterno: el Indio Solari y la deuda que tenemos como generación

Se murió el Indio. Carlos Alberto Solari, figura mítica del rock nacional, dejó este mundo y con él se fue el misterio, la voz y las letras que marcaron a generaciones enteras. Durante tres días lo velaron, lo lloraron, lo escucharon. Un domingo lluvioso, 75 cuadras de personas lo despidieron, llegadas desde todos los rincones del país. Hubo concentraciones espontáneas en cada esquina: juntarse a escuchar su música, a bailar, a cantar, a llorar, a reencontrarse con amigos de la juventud que compartieron los discos de Los Redondos.

Lo lloraron los ricoteros veteranos que iban a los recitales, pero también una generación que nació después de la separación de la banda. Adolescentes que nunca fueron a un show del Indio, pero que en su música encontraron ese mundo distópico que parece una descripción fiel de la realidad que vivimos hoy. Hay mucha tristeza social, una sociedad que ya no aguanta una ausencia más en sus corazones vacíos. Esa pérdida se amplifica cuando se trata de un ídolo que realmente llegó hasta las capas más profundas de la sociedad.

El Indio Solari es la voz de toda una contracultura, de todo un mito que nadie supo explicar del todo. Porque hay muchas explicaciones para lo que significa Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Hay toda una generación que no vivió esos recitales autogestivos, los sótanos, ese rock, esas performances en teatros que el Indio relataba en sus entrevistas. Muchos empezaron a vivir las misas multitudinarias como Olavarría o Salta, el barro hasta las rodillas, el pogo más grande del mundo. Otros se quedaron con la estela de los discos que escuchaban de sus padres, de sus hermanos mayores, de un amigo, o que vivieron al Indio ya afectado por el Parkinson.

El Indio siempre fue precavido con su figura: qué decir, no sacarle el velo a sus letras, no explicar lo que quería decir, manejarse en la ambigüedad. Para un artista, ese es quizás el punto cúlmine de una obra: que el artista no importe, sino lo que produjo. Sus letras y lo que generaron en los demás. Porque es real que muchas veces no importa el artista, sino cómo el pueblo se apropia de eso y le da su propio significado.

Las letras de Los Redondos, la mítica tapa de Oktubre dibujada por Rocambole, son símbolos de la sociedad argentina. Están en las banderas de los equipos en los estadios de fútbol, en las paredes de los barrios. Muchas son utilizadas como símbolos de resistencia. El Indio era un artista que pensaba que había que cambiar al hombre para cambiar a la sociedad. Tenía bandas de combate, no de entretenimiento. Le parecía mal entretener a la gente mientras le estaban robando de los bolsillos. Con su lírica, con su poesía, mostró que la cultura, la música y el arte no son disciplinas secundarias, sino formas de entender la vida, de transmitir un mensaje.

Son de todos esas letras, esas melodías. Hablan del amor, del desamor, de los que nos gobiernan, de los que nos aplastan, y también de la banda del barrio, los que levantan las banderas rojas y negras. Ahí la figura del artista deja de estar en el foco y empieza a ser su mensaje. El Indio, en su intento permanente de mostrarse en la ambigüedad, dio pocas entrevistas, las justas para aclarar malos entendidos.

Pero también hay sombras. A Carlos Alberto Solari, como individuo, se le pueden recriminar muchas cosas: desde su rol y posterior indiferencia en el caso de Walter Bulacio, un parteaguas para toda una generación de seguidores que esperaban más de lo que la banda dio, hasta las muertes que se produjeron en uno de sus últimos recitales en Olavarría, producto de la precariedad de los megaeventos organizados por él mismo. ¿Qué hacer entonces con esos artistas que nos dieron tanto pero que también nos desilusionaron? No se puede tener una visión idílica de nadie, ni siquiera de los genios. Son genios precisamente porque sus obras dejaron de ser de ellos y empezaron a ser propiedad de esas banderas, de esos murales, de esas frases que dedicamos a amigos y amores. A esas apropiaciones no llegan las fallas del artista, pero tampoco desaparecen. Quedan ahí, como una verdad incómoda, como el precio de evaluar lo que amamos en toda su dimensión.

Por eso, cuando uno ve una entrevista del Indio, puede estar más o menos de acuerdo con lo que dice, con sus ideas y los gobiernos que apoyaba. Pero las cosas que cantaban Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota generaban casi un 100% de acuerdo, más allá de que no se terminen de entender sus letras o de que muchos no podamos descifrar algunas metáforas. Por eso lo lloran tanto los de más de 50 como los jóvenes de 15. Porque la lírica de Los Redondos supo darle voz y letra a toda una sociedad que empezó a encontrarse desesperanzada con el futuro, con ese futuro que nunca llega, con ese perro que siempre está ahí.

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Comentarios

  1. para mi se fueron todos detras del indio como si fuera un santo pero nadie habla de las sombras este tipo hizo apologia de la droga y el descontrol y nosotros los aplaudimos somos una generacion de debiles dejen de llorar y asuman que nos vendieron un verso viva la libertad pero con orden y patria carajo

  2. para mi dejen de llorar por el indio como si fuera un santo se la pasaban bancando el capitalismo y ahora se hacen los revolucionarios hipocritas su legado es de luchas a medias tintas mientras la izquierda de verdad peleaba en las calles basta de mitos paguen la deuda de no haber sido consecuentes viva la lucha obrera no el rock de ricos

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