En un salón de Bella Vista, las manos de un niño vuelan sobre la mesa. En menos de dos minutos, una pila de pedacitos coloridos se transforma en la bandera argentina. “La tiene atada”, murmura un organizador. El pibe es el campeón de turno, pero acá todos son parte de una comunidad que creció al ritmo de los rompecabezas de 1.000 piezas.
Guillermo Straface, fundador de Photo Puzzle, no oculta su orgullo: “Hace nueve años quisimos generar una alternativa que conjugara buenos diseños y alta calidad. Lo que nunca soñamos fue armar una comunidad tan grande y tan fiel”. Y vaya si lo logró: lo que arrancó como un hobby de su hijo músico en Bariloche se convirtió en la única fábrica nacional que produce íntegramente puzzles de cartón troquelado de 1.000 piezas, similares a las marcas internacionales más prestigiosas.
Straface no tenía experiencia en el rubro gráfico. “En 2015, mi hijo trabajaba en una juguetería y notó que no había rompecabezas de bandas de música. Yo era autodidacta, así que me puse a investigar cómo fabricarlos”. Pero en Buenos Aires no encontró a nadie que se dedicara a eso. Pasó meses armando troqueles artesanales, laminados y prototipos. Cuando finalmente llamó a su hijo para contarle el avance, el pibe le dijo que postergaba el proyecto porque iba a poner una hamburguesería. “Pocas semanas después dejé la constructora y le di para adelante. Al final, el enganchado era yo”, resume.
Al principio, montó su oficina en una habitación vacía en la casa de su mamá. Se sacaba fotos familiares, las mandaba a una gráfica y luego conseguía un estudio que las cortase con láser. Pero las piezas no quedaban perfectas, así que las separaba con cúter y las empaquetaba de forma primitiva. “Publicamos un par en 2017, y una parejita de Mendoza nos compró el primero”, recuerda.
La calidad fue mejorando de a poco. Adaptó máquinas de otros rubros, como la zapatería, con ayuda de herreros y torneros. Hoy usa materias primas de primera: papel de calidad y cartón de apoyo holandés. “Convertimos máquinas nacionales de prensado y traemos troqueles de China que son perfectos”, explica.
Las imágenes también fueron un desafío. “No teníamos propias, así que empezamos con fotos nuestras, paisajes y clásicos del arte como los Lirios de Van Gogh, que ya no pagan regalías. De a poco sumamos bancos gratuitos e hicimos acuerdos con artistas como Susana Ibsen, Fernando Ferramosca o Coty Borio, más los diseños de mi mujer, que hoy es nuestra principal proveedora”.
La pandemia fue clave para el despegue. “Fueron momentos difíciles, con mucha gente encerrada. Frente al shock, estos juegos pasaron a ser determinantes”. Muchos de sus actuales clientes armaron sus primeros rompecabezas en ese entonces.
Hoy, la fábrica emplea a una decena de personas. El proceso es simple: se imprime la imagen, se pega sobre el cartón neerlandés y se troquela a presión. Pero lo fundamental es el control manual: “Contamos cada pieza. Es una apuesta a la calidad. Aseguramos que todas queden perfectamente separadas, y si alguna está mal cortada, la separamos con bisturí. No debe haber peor cosa que una pieza que falta”.
Pronto lanzarán el rompecabezas de 2.000 piezas. “Es complicado, porque no es una impresión más grande: hay que adaptar todas las máquinas”. En Europa hay cajas de 60.000 piezas, como el famoso What a Wonderful World de Dowdle, que requieren producción por partes y una cremallera para encastrar las tandas.
Un día, Straface se preguntó: si Valladolid tenía mundial de rompecabezas, ¿por qué no hacer un torneo local? Con timidez, lanzaron la idea. De a poco, se generó un vínculo más allá del encuentro mensual en Buenos Aires o los torneos itinerantes. “Nos emociona mucho. Algunos nos cuentan que no sólo viajan juntos al campeonato, se juntan también para ir al teatro, a la cancha o a la plaza a matear”.
El primer torneo fue a fines de 2021. Al año siguiente hicieron tres encuentros. En 2023 arrancaron mes por medio y en 2024 con torneos mensuales. “Tal fue la demanda que el año pasado empezamos a recorrer el país: Rosario, Córdoba, Mar del Plata, Bahía Blanca y otras ciudades nos están recibiendo”.
Photo Puzzle es el ejemplo de que, contra las pantallas, la concentración y el tiempo compartido presencial todavía tienen su lugar. Y en cada torneo, un pibe de manos veloces lo demuestra: arma la bandera argentina en minutos y levanta los hombros como si nada.

para mi esto es re volucionario los pibes de photo puzzle tienen razon los gamers corporativos nos quieren esclavos digitales pero el rompecabezas es resistencia popular aguante el carton y los torneos barriales los liberales seguro prefieren jugar solos con su celu ✊
para mi estos pendejos pegados a la pantalla son una lacra ni saben lo q es un rompecabezas de verdá menos mal q hay argentinos de bien como straface q rescatan la cultura del esfuerzo con sus torneos presenciales esto si es patria carajo no como los zurdos de mierda q quieren todo digital viva la picardia criolla