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La gran trampa de eliminar las PASO: la casta recupera el control total de las candidaturas

Mientras el Gobierno impulsa el fin de las primarias abiertas, una pregunta incómoda queda flotando: ¿quién decidirá quiénes serán los candidatos si el ciudadano ya no puede opinar? Detrás del supuesto ahorro fiscal se esconde una jugada maestra de los aparatos partidarios.

Por Redacción El Sereno · julio 16, 2026
La gran trampa de eliminar las PASO: la casta recupera el control total de las candidaturas

“Otra vez tengo que votar al menos malo”. Esa frase, que millones de argentinos repiten elección tras elección con una mezcla de resignación, bronca y desencanto, se convirtió en el epitafio de una democracia que parece condenada a elegir entre opciones que nunca terminan de representarnos. Pero casi nadie se hace la pregunta clave: ¿quién decidió que esos fueran los candidatos?

Eliminar las PASO puede ahorrar dinero, sí. Pero también puede quitarle al ciudadano la única instancia en la que hoy tiene la posibilidad —imperfecta, pero real— de influir en la selección de quienes después competirán por gobernar el país. En otras palabras: puede devolverle a la casta el control casi absoluto sobre la oferta electoral. Y ese precio puede terminar siendo mucho más alto que cualquier ahorro fiscal.

Javier Milei convirtió la palabra casta en uno de los conceptos políticos más potentes de los últimos años. Muchos la identifican con el kirchnerismo, otros con la vieja política. Pero la casta no pertenece a un partido determinado: es una forma de ejercer el poder. Existe cuando un grupo reducido decide por todos, cuando las candidaturas se reparten en un despacho, cuando las listas se negocian entre dirigentes y el ciudadano solo puede elegir entre opciones que otros seleccionaron antes por él. Para que eso funcione hace falta una herramienta: el aparato.

El aparato no tiene ideología. Cambia de nombres, de colores y de discursos. Puede ser peronista, radical, macrista o libertario. Su objetivo siempre es el mismo: conservar el control sobre quién puede competir y quién no.

Hasta la sanción de la Ley 26.571, en 2009, la Argentina no tenía un sistema nacional de primarias abiertas, simultáneas y obligatorias. Cada partido resolvía sus candidaturas según su propia carta orgánica. En la práctica predominaban las convenciones partidarias, los acuerdos entre dirigentes, las decisiones de las conducciones nacionales y provinciales y, muchas veces, el famoso “dedazo”. Las internas abiertas eran excepcionales y la inmensa mayoría de los ciudadanos recién participaba cuando las candidaturas ya estaban definidas. La decisión no estaba en manos del electorado, sino de quienes controlaban los partidos.

En el peronismo, el control territorial de las candidaturas fue durante décadas una característica estructural. La literatura académica describe el papel de los punteros como intermediarios entre el Estado y los ciudadanos: redes de favores, asistencia social, empleo, gestión de trámites y movilización electoral construyeron una maquinaria política capaz de ordenar internas y disciplinar dirigentes. Las disputas entre Antonio Cafiero y Carlos Menem en 1988, el peso del aparato bonaerense de Eduardo Duhalde durante los años noventa y la crisis del PJ en 2003 muestran una constante: las candidaturas dependían mucho más del control territorial y de las negociaciones entre gobernadores y dirigentes que de una competencia abierta frente a la ciudadanía.

La Unión Cívica Radical, por su parte, desarrolló históricamente una cultura interna más institucional que el peronismo. Pero tampoco estuvo libre del predominio de convenciones, líneas internas y liderazgos provinciales. Durante décadas, las candidaturas nacionales y provinciales fueron el resultado de negociaciones entre delegados, dirigentes y estructuras partidarias. La diferencia con el peronismo era de intensidad, no de lógica.

Conviene decirlo sin ingenuidad: las PASO nunca eliminaron la influencia de los aparatos. Los aparatos siguieron existiendo. Lo que hicieron fue quitarles el monopolio. Antes, quienes controlaban el partido decidían prácticamente sin interferencias quiénes serían los candidatos. Después apareció un actor imposible de disciplinar completamente: el ciudadano. Por primera vez, cualquier argentino podía participar de la selección de candidatos sin depender de una afiliación partidaria, de una convención o de una estructura territorial. Las PASO no garantizaron una democracia interna perfecta, pero sí obligaron a los aparatos a exponer sus decisiones ante millones de ciudadanos.

Los datos permiten comprender por qué una amplia mayoría de la ciudadanía rechaza el mecanismo actual. En las PASO de 2023, 8 de los 15 partidos que presentaron fórmulas presidenciales no contaban con competencia interna. Ni siquiera el candidato que resultó electo presidente compitió dentro de su espacio. En la provincia de Buenos Aires, para diputados nacionales se presentaron 30 listas de 24 agrupaciones, pero solo 4 superaron el umbral del 1,5%. Para senadores fueron 37 listas de 26 agrupaciones y solo 4 lograron pasar el filtro.

La gente no rechaza votar. Rechaza que la obliguen a votar para ratificar decisiones que otros ya tomaron. Porque las PASO también incumplieron parte de la promesa con la que nacieron: con demasiada frecuencia se transformaron en una elección obligatoria sin competencia real. Hubo listas únicas, internas ficticias y partidos que utilizaron el sistema únicamente para acceder al financiamiento público.

Las encuestas confirman esa percepción. Según una encuesta difundida por la consultora Isasi Burdman, siete de cada diez argentinos quieren eliminar las PASO. La analista Viviana Isasi lo resume con precisión: “La gente quiere participar, pero no quiere que los llamen a votar a cada rato.” Los argentinos no están cansados de elegir. Están cansados de votar cuando sienten que su voto no cambia nada.

Aquí aparece la gran contradicción. Las PASO no fueron creadas para que votemos más. Fueron creadas para que podamos elegir mejor. Es cierto que muchas veces no cumplieron esa promesa. Pero eliminarlas sin reemplazarlas por un mecanismo superior significa renunciar a la única instancia en la que el ciudadano puede influir sobre la oferta electoral antes de que quede cerrada. En las PASO la pregunta debería ser: ¿quién quiero que me represente? En la elección general la pregunta ya no es esa: es ¿quién quiero que gobierne entre los candidatos que otros ya seleccionaron?

Cuando desaparece la primera instancia, los ciudadanos dejan de participar en la construcción de la oferta electoral. Solo pueden elegir entre los candidatos que las conducciones partidarias decidieron presentar. Y entonces aparece el famoso “mal menor”. No nace en octubre ni en el balotaje. Empieza cuando dejamos de tener la posibilidad de influir sobre quiénes llegan a la boleta.

Las PASO de 2015 no crearon el liderazgo de Mauricio Macri. Sí permitieron que una coalición integrada por el PRO, la UCR y la Coalición Cívica ordenara sus candidaturas mediante una competencia abierta entre Mauricio Macri, Ernesto Sanz y Elisa Carrió, otorgándole una legitimidad política que difícilmente habría alcanzado con un simple acuerdo de cúpulas. Por eso resulta llamativo que hoy algunos dirigentes del PRO, cercanos a La Libertad Avanza, impulsen eliminar ese mecanismo. No es una posición compartida por todo el espacio: otros sectores del PRO y buena parte de la UCR sostienen que las PASO necesitan una reforma profunda, no su desaparición.

Detrás del discurso del ahorro y la eficiencia, la eliminación de las PASO esconde una jugada maestra de los aparatos partidarios. La casta nunca se fue. Solo esperaba el momento para recuperar lo que siempre consideró suyo: el derecho a decidir, a puertas cerradas, quiénes serán los candidatos. Y si el ciudadano se queda sin voz en esa decisión, entonces el famoso “mal menor” dejará de ser una excepción para convertirse en la regla.

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Comentarios

  1. che pero para mi estos hdp quieren volver a la dictadura con las listas sabanas sacan las paso y la casta decide todo es un choreo monumental aguante la democracia interna carajo firma perro del pueblo

  2. Para mí esto huele a curro de los zurdos de mierda. Las PASO eran un choreo de la casta y ahora lloran porque pierden el control. Viva la libertad carajo, abajo el régimen. ¡No me jodan!

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