Ramiro Valdés, uno de los últimos comandantes históricos de la revolución cubana, murió este domingo 21 de junio a los 93 años. La noticia fue confirmada por una escueta nota oficial del Partido Comunista, el Estado y el Gobierno, que omitió las causas del deceso. Pero para los cubanos de a pie y el exilio, su partida no es motivo de duelo: fue el hombre que diseñó y consolidó el aparato de represión, espionaje y persecución política que mantiene a la isla sumida en la opresión.
Valdés fue el arquitecto del G2, la temida policía política que durante décadas vigiló, persiguió y torturó a opositores, periodistas independientes, activistas y cualquier disidente. Como primer ministro del Interior en dos períodos (1961-1968 y 1979-1985), dirigió la creación de los órganos de Seguridad del Estado e Inteligencia, responsables de violaciones masivas a los derechos humanos. Organizaciones de derechos humanos lo señalan como el responsable histórico del sufrimiento de miles de presos políticos, religiosos e intelectuales críticos.
Su trayectoria criminal comenzó con el asalto al Cuartel Moncada en 1953 y continuó como expedicionario del yate Granma en 1956. Durante la guerra de guerrillas en la Sierra Maestra fue segundo jefe de la Columna Invasora No. 8 Ciro Redondo, bajo el mando del Che Guevara. Pero su verdadero legado fue el sistema totalitario que ayudó a construir: un régimen que, según denuncian los exiliados, se sostiene sobre el miedo y la represión.
A pesar de ser apartado temporalmente en los años 60 para estudiar en la Unión Soviética, su lealtad al castrismo le permitió regresar al Buró Político y ocupar cargos estratégicos como viceprimer ministro y vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros. En sus últimos años supervisó sectores críticos como la energía, las telecomunicaciones y la informática, áreas utilizadas por la dictadura para el control político y la seguridad nacional.
Incluso en octubre de 2024, en medio del colapso del Sistema Eléctrico Nacional, fue designado para coordinar una recuperación que nunca llegó, prolongando los apagones que aún hoy asfixian a la población. El dictador Miguel Díaz-Canel lamentó la pérdida de quien describió como un ‘padre’, afirmando: “La partida física del Comandante de la Revolución, Ramiro Valdés Menéndez, duele profundamente… Cada acto de la vida del Comandante Ramiro estuvo signado por su fidelidad absoluta al liderazgo de Fidel y Raúl”.
Sin embargo, para el exilio y las víctimas del comunismo, la desaparición de este ‘Héroe de la República’ fabricado por la propaganda no es más que el fin de uno de los rostros más temidos de una tiranía que, aunque pierde a sus fundadores, se aferra al poder mediante el sistema represivo que él mismo ayudó a construir. Mientras tanto, el pueblo cubano sigue esperando justicia y libertad.

Para mí, Ramiro Valdés fue un patriota que defendió la revolución de los yankis y los gusanos. Los que lloran ahora son los mismos que quieren vernos arrodillados. ¡Viva Cuba socialista! Los gorilas y sus lacayos pueden seguir mintiendo, pero el pueblo sabe quién luchó contra el imperialismo. Firme, y hasta la victoria siempre, carajo. Firmado: El Che Vive
Para mí, se murió el asesino de Fidel, ¡qué alegría! Esto huele a justicia divina. Este tipo era el Stalin de la isla, torturó a su propio pueblo. Ojalá arda en el infierno. Arriba la libertad, abajo los castristas. Firmado: El Gaucho del Este.