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Coronel Suárez: la ciudad de apellidos vascos, fortines y polistas que fascinó a Borges

Al sur de Buenos Aires, Coronel Suárez despliega casas señoriales, una historia ligada a Jorge Luis Borges y un presente de orfebrería, café de especialidad y polistas de élite.

Por · Publicado: julio 21, 2026
Coronel Suárez: la ciudad de apellidos vascos, fortines y polistas que fascinó a Borges

Al sur de la provincia de Buenos Aires, una localidad de alcurnia y apellidos vascos se erige como un bastión de historia y elegancia. Coronel Suárez, que debe su nombre al militar Manuel Isidoro Suárez, bisabuelo del célebre escritor Jorge Luis Borges, es un destino que mezcla el pasado fortinero con un presente vibrante.

El ingreso por el bulevar Hipólito Yrigoyen, que luego se transforma en Adolfo Alsina, revela casas de estilo francés e italianizante impecablemente conservadas. Entre ellas, la antigua casa de la familia Lusarreta, construida en 1926, hoy funciona como La Casa Hotel Boutique, un alojamiento que invita a sumergirse en la atmósfera señorial del lugar.

Iñaki Etcheverry, director de Turismo de la ciudad, explica que la localidad no solo exporta granos y cereales, sino también polistas de primer nivel. El Coronel Suárez Polo Club es un emblema local, con triunfos que resuenan en el circuito nacional.

La historia de la ciudad se remonta a 1871, cuando era el fortín San Martín. Luego se llamó Sauce Corto y fue una concesión de 300.000 hectáreas al coronel Ángel Plaza Montero. El distrito se creó por ley el 10 de julio de 1882, bajo el gobierno de Dardo Rocha. Eduardo Casey, quien durante años fue considerado erróneamente el fundador, aceptó las tierras de Plaza Montero y cumplió con los requisitos de alambrar, fomentar la ganadería y fundar colonias. Así llegaron galeses, italianos, israelitas y, sobre todo, vascos. También impulsó la llegada de alemanes del Volga desde Olavarría, gracias al Ferrocarril del Sud, cuyo tren de pasajeros funcionó hasta 2023.

Entre los monumentos destacan el Mástil Patrio de Antonio Bagué, financiado por vecinos notables en 1935, y el edificio municipal de estilo neoclásico, que originalmente fue la casa de campo de Casey y fue donado al municipio en 1885. La parroquia Nuestra Señora del Carmen, de 1903, y la Biblioteca Popular Sarmiento, que en sus inicios fue templo masónico de la Logia Abnegación, completan el patrimonio arquitectónico.

Más allá del campo y el polo, Suárez tiene una papelera y hasta hace poco una gran fábrica de zapatillas. La orfebrería es otro fuerte: El Orfebre, de los hermanos Fernando y Federico Pérez Dill, trabaja plata 925 y alpaca para crear arte gauchesco y joyería fina. “Sería muy difícil manipularla pura porque queda muy blanda”, aclaran sobre la plata.

Los Alfajores Isidoro, de Alan Calles y Tomás Aguirre, derivan de los originales Don Eliseo, del abuelo de Alan. Ofrecen variedades como avellanas, moka y mousse de chocolate. Penguin Coffee, de Iván Mulvihill, es un tostadero de café de especialidad que nació cuando Mulvihill estudiaba Economía en Buenos Aires y compró una tostadora por AliExpress. Dejó su trabajo en big data para volver a su ciudad y montar el negocio.

A pocos kilómetros, Cura Malal alberga a Mercedes Resch, motor del progreso del paraje de 100 habitantes. En La Tranca, desde 2009, propicia encuentros artísticos y espirituales cada viernes. Para los amantes de la naturaleza, Villa La Arcadia, a 102 kilómetros, ofrece el cerro Ceferino (o del Amor), con vistas al cerro Tres Picos, el más alto de la provincia. También hay astroturismo, senderos por el río Sauce Grande y actividades en el balneario El Dique.

Comentarios

  1. Para mí esto huele a otro curro de la progresía disfrazado de cultura. Vasquitos, polistas y Borges… mientras los argentinos de verdad laburamos como negros. Yo creo que romantizan oligarcas y vendepatria. Basta de zurdos, quiero una patria sin traidores.

  2. che todo muy lindo con los apellidos vascos y los polistas pero para mi esto es pura facha mientras los oligarcas juegan al polo en el conurbano no llega ni el agua borges fascinado claro siempre mirando pal otro lado basta de romantizar la miseria los fortines eran de represion no de orgullo esto huele a clasismo puro

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