En un contexto de tarifazos y ajuste implacable, el Gobierno de Javier Milei redobla la apuesta: la secretaria de Energía, Martía Tettamanti, confirmó que avanza en modificaciones regulatorias para que las diferencias de costos en el sistema gasífero se trasladen con mayor velocidad a las facturas de los hogares. La noticia cayó como un baldazo de agua fría en pleno invierno, cuando las boletas ya vienen con aumentos que superan el 50% respecto al mes anterior.
Durante el Midstream & Gas Day 2026, Tettamanti fue clara y directa: el Estado debe abandonar cualquier intervención en la determinación del precio del gas. “El precio del gas es el que tiene que ser”, disparó la funcionaria, dejando en claro que la lógica del mercado es la única que regirá. “Yo no puedo decir ‘el gas tiene que valer esto’, tenemos que hacer que las reglas sean lo más claras posibles para que los precios surjan de la competencia”, agregó, en un discurso que contrasta con décadas de política energética donde el Estado ponía paños fríos a los aumentos.
Lo que anticipó Tettamanti es un cambio en la mecánica de traslado de costos que promete hacer más frecuentes los incrementos. Hasta ahora, las diferencias diarias se compensaban dos veces al año; el nuevo esquema buscará que esos costos se reflejen “con más periodicidad” en las boletas. En criollo: cualquier suba en el costo del gas, las importaciones o el funcionamiento del sistema pegará más rápido en el bolsillo de los argentinos.
Consultada sobre quién terminará pagando la cuenta, la secretaria fue brutalmente honesta: “Sí, el usuario lo va a terminar pagando, pero con menos estacionalidad entre invierno y verano”. O sea, adiós a los picos de invierno, pero hola a un goteo constante de aumentos durante todo el año. La explicación oficial es que se suavizarán las diferencias entre estaciones, pero la realidad es que cualquier incremento de costos tendrá una vía exprés para impactar en las facturas residenciales.
Mientras tanto, los números no mienten. Según el último informe del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP) de la UBA-Conicet, la factura promedio de gas para un usuario residencial sin subsidios alcanzó en mayo los 71.732 pesos mensuales. Para los que todavía reciben asistencia estatal, el promedio fue de 52.040 pesos. En el caso de los usuarios de ingresos altos (N1), el promedio se ubicó en torno a los 49.972 pesos. Pero lo más impactante es que la factura final registró un incremento del 53,3% en apenas un mes, producto de la combinación de mayores tarifas y el salto en el consumo por el frío.
El informe del IIEP también revela que el consumo promedio prácticamente se duplicó entre abril y mayo. “El componente más relevante es el gas, cuya factura casi se duplica respecto de abril por el efecto conjunto de la suba tarifaria y el salto en el consumo típico de esta época del año”, señala el documento. En un escenario donde los salarios todavía luchan por recuperar terreno frente a la inflación, estos aumentos son un duro golpe para las familias.
Las cuentas públicas también muestran movimientos significativos. ENARSA registró un incremento del 282% nominal y del 211% real en sus transferencias. El Fondo Fiduciario para el consumo de gas aumentó 223% nominal y 150% real. En contraste, las transferencias destinadas al Plan Gas.Ar mostraron una caída del 18% nominal y del 37% real. El programa, que incentivaba inversiones y producción, parece quedar en el olvido mientras el mercado toma las riendas.
La filosofía económica de la administración Milei quedó al desnudo: el Estado no debe digitar los precios. “El Estado no tiene que digitar los precios del gas, tiene que valer lo que diga el mercado”, afirmó Tettamanti. Una definición que marca un quiebre con el pasado, cuando la energía era considerada un bien estratégico y el Estado intervenía para moderar el impacto de las variaciones internacionales. Ahora, el mercado es el que manda, y los usuarios, los que pagan.

Para mí este gobierno es una basura, el tarifazo gasífero es un ajuste criminal contra el pueblo. Tettamanti es una lacra del FMI que nos mata de hambre, el gas es un derecho no un negocio. Yo creo que Milei y estos liberales hijos de mil p nos quieren fundir, fuera basura capitalista.
Para mí esto es un golazo, al fin el mercado pone los precios como tiene que ser. Los zurdos llorando porque tienen que pagar el gas a valor real, dejá de chorear. Si no les alcanza, que laburen más y dejen de pedir subsidios. Viva la libertad carajo!