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La fábrica de militantes: cómo el kirchnerismo moldeó a los periodistas en las universidades

Durante los gobiernos kirchneristas, las facultades de comunicación, especialmente la UNLP, viraron hacia el 'periodismo militante', priorizando el activismo sobre la objetividad. Un análisis revela las consecuencias de esa formación sesgada.

Por Redacción El Sereno · julio 9, 2026
La fábrica de militantes: cómo el kirchnerismo moldeó a los periodistas en las universidades

El periodismo argentino atraviesa una crisis de credibilidad que tiene raíces profundas en la formación académica de los últimos años. Durante los gobiernos kirchneristas, las facultades de comunicación y periodismo, en particular la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), experimentaron un cambio de paradigma que transformó la profesión en una herramienta de activismo político.

La consolidación del llamado ‘periodismo militante’ instaló la idea de que la objetividad era una ficción liberal y que los comunicadores debían ser actores políticos comprometidos con el proyecto de gobierno. Este modelo académico fomentó planes de estudio sesgados que promovían una visión binaria de la historia, dividida entre líderes populares y élites antipopulares. En la práctica, esto implicó la entrega de premios y distinciones a figuras afines al kirchnerismo, como el músico Dillon, Wos, la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, el Indio Solari, Estela de Carlotto, los expresidentes Evo Morales y Hugo Chávez, el grupo Calle 13 y el periodista Víctor Hugo Morales. Para muchos, estas premiaciones institucionalizaron la politización de los claustros y fomentaron un discurso donde el disenso era interpretado como una traición al campo nacional y popular.

El fenómeno kirchnerista guarda paralelismos evidentes con la pedagogía aplicada durante los primeros gobiernos de Juan Domingo Perón, entre 1946 y 1955. En ambas gestiones, el Estado y el movimiento político buscaron alinear la educación superior, la cultura y la prensa con la doctrina oficial. Así como en la época peronista los textos escolares y universitarios introducían la doctrina justicialista, durante el kirchnerismo se distribuyó pauta oficial y material bibliográfico desde el Ministerio de Educación que contaba la historia argentina reciente bajo una óptica oficialista estricta. En los años cincuenta, el peronismo intervino las universidades y expulsó a docentes opositores; durante el kirchnerismo, se crearon 17 universidades y, si bien no hubo cierres masivos, se denunció en múltiples ocasiones el vaciamiento de cátedras plurales para reemplazarlas por una línea editorial y académica única.

La formación universitaria orientada hacia el adoctrinamiento ideológico ha generado consecuencias estructurales y daños significativos en la calidad democrática e institucional de Argentina. Entre ellas, la pérdida de prestigio académico: instituciones históricas vieron comprometida su reputación al priorizar la militancia partidaria por sobre la excelencia técnica y la pluralidad de voces. También se profundizó la polarización social y la grieta: la adopción del discurso militante en las aulas generó una división profunda en el campo periodístico, resultando en coberturas informativas sesgadas donde la verificación de datos quedó subordinada a la defensa de intereses partidarios. Además, se fomentó un sesgo de confirmación: al no promover el pensamiento crítico, los futuros comunicadores salen al mercado laboral con dificultades para analizar la realidad con objetividad, buscando validar prejuicios en lugar de informar de manera neutral. Este proceso también estuvo alimentado por políticas de empresarios que solo buscaban el rédito económico.

La enseñanza del periodismo orientada hacia la militancia política restringe la capacidad de construir una opinión pública madura. Históricamente, la prensa con fuertes sesgos ha contribuido a la desestabilización democrática. Para lograr un ecosistema mediático verdaderamente republicano, es imperativo que las casas de estudio superior garanticen la pluralidad ideológica, fomenten la investigación rigurosa y recuperen el valor esencial de la objetividad profesional.

Aunque compartieron la matriz ideológica de la época, la estructura institucional y el ecosistema político de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA mantuvieron diferencias clave con el caso de la UNLP. En la UNLP, la Facultad de Periodismo se convirtió en un bastión orgánico y homogéneo de La Cámpora y el kirchnerismo duro, bajo la conducción prolongada de la rectora Florencia Saintout. Prácticamente no existía espacio para la disidencia en los claustros, transformando la institución en una unidad básica de gestión política directa. En la UBA, la Facultad de Ciencias Sociales históricamente ha sido un territorio de fuerte fragmentación política. El kirchnerismo logró ganar el centro de estudiantes y decanatos en varias oportunidades, con rectores como Federico Schuster (2002-2010), Sergio Caletti (2010-2014) y Glenn Postolski (2014-2018), pero siempre coexistió y compitió ferozmente con agrupaciones de la izquierda tradicional y sectores del radicalismo o el peronismo no alineado, lo que impidió un control monolítico absoluto.

En la UNLP, la carrera está volcada específicamente al periodismo. Al instalarse allí la lógica del ‘periodismo militante’, el impacto en la formación de los cronistas y reporteros fue directo, priorizando el compromiso militante sobre la técnica informativa tradicional. En la UBA, no existe una carrera de periodismo pura, sino la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación Social, con un enfoque fuertemente teórico, sociológico y académico. Si bien el kirchnerismo influyó notablemente en los contenidos teóricos, especialmente a través de las teorías de la comunicación latinoamericanas y la defensa de la Ley de Medios, la matriz de la carrera siguió ligada a un perfil más analítico y menos de ‘trinchera periodística’ directa. En la UNLP, se denunció de forma sistemática el vaciamiento de cátedras plurales y el desplazamiento encubierto de profesores opositores para reemplazarlos por docentes alineados con el proyecto nacional y popular. En la UBA, la tradición de los concursos docentes y la existencia de cátedras paralelas operaron como un contrapeso relativo, permitiendo que convivan visiones críticas al kirchnerismo junto a las fuertemente afines.

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Comentarios

  1. Para mí esto es lo que pasa cuando los zurdos toman las universidades, fabrican periodistas militantes en vez de profesionales. La UNLP es un antro de adoctrinamiento kirchnerista, ¡basta de financiar fábricas de militantes con nuestros impuestos! Me parece una vergüenza.

  2. jajaja lloran xq la UNLP forma pibes con conciencia de clas, el periodismo objetivo no existe para mi es un verso de la derecha, viva la militancia y los q defienden la verdá, los gorilas q se quejen sentados ✊

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