Esta noche, a las 21:30 hora argentina, Brasil se juega mucho más que tres puntos ante Haití en el Mundial 2026. Después de un debut para el olvido contra Marruecos, donde apenas rescató un empate 1-1 gracias a una genialidad de Vinicius Jr, el Scratch llega con la obligación de ganar y convencer. Pero el fantasma de la eliminación temprana ya sobrevuela el banco de Carletto Ancelotti.
El equipo italiano no tuvo un buen comienzo. Enfrentó a Marruecos y se vio superado en varios tramos del partido, comenzando abajo en el marcador. Solo la magia de Vinicius evitó una derrota que hubiera sido catastrófica. Ahora, ante Haití, el conjunto más débil del Grupo C, la exigencia es máxima: ganar con autoridad y, de paso, recuperar la confianza perdida.
Ancelotti, que ya empezó a mover el tablero, probó en los entrenamientos con Endrick como centrodelantero titular. El delantero del Lyon, de apenas 18 años, tendría la misión de ser el apoyo de Vinicius y Raphinha, las dos grandes figuras del ataque brasileño. La presencia del nueve del Brentford no terminó de conformar al técnico, que busca alternativas para mejorar la producción ofensiva. También se especula con la inclusión de Matheus Cunha, el 10 del Manchester United, para darle más peso al mediocampo.
El resto del equipo sería similar al que empató con Marruecos: Casemiro, Bruno Guimarães y Paquetá en el medio, y una defensa que deberá estar atenta a las contras de Haití. Porque, aunque los caribeños son los teóricos más débiles del grupo, ya demostraron que no son un equipo fácil. En su debut ante Escocia, cayeron 1-0 pero dejaron una imagen positiva, con momentos de dominio y chances claras para empatar. Incluso, en la historia hay un antecedente que pone alerta a los brasileños: en la Copa del Caribe de 1999, Haití venció a Brasil por única vez, aprovechando que la Confederación Brasileña llevó un equipo juvenil sin figuras.
Pero el foco de atención no está solo en el partido. Neymar, que ya entrena a la par del grupo, genera una expectativa enorme. Su posible regreso a las canchas podría ser el impulso que necesita Brasil para enderezar el rumbo. Sin embargo, Ancelotti sabe que no puede confiarse: un nuevo tropiezo ante Haití sería un escándalo mayúsculo y pondría en jaque su continuidad al frente del equipo.
En las tribunas, la presión es palpable. La afición brasileña, acostumbrada a los títulos, no tolera las dudas. Y los medios ya empiezan a preguntarse si Ancelotti es el hombre indicado para llevar al Scratch a la gloria. Esta noche, ante Haití, el técnico italiano tiene la oportunidad de callar las críticas. O de cavar su propia tumba.

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