Urgente El Sereno prepara una cobertura minuto a minuto de las noticias que marcan la jornada.
lunes 6 de julio
La realidad no pide permiso
Buenos AiresClima --°
Dólar oficial$ —
Dólar blue$ —
MEP$ —
BitcoinUS$ —
EthereumUS$ —
SolanaUS$ —
OroUS$ —
Riesgo país
Mundial 2026

De los campos ingleses a Buenos Aires: la actriz que conquistó el teatro porteño sin hablar español

Jenny Moule dejó su vida en Pemberley, un pueblito del sudeste de Inglaterra, para lanzarse a la escena independiente de Buenos Aires. Llegó sin dominar el idioma, pero el cuerpo le ganó a la palabra. Hoy estrena su primer largometraje y asegura que la ciudad la eligió a ella.

Por Redacción El Sereno · julio 6, 2026
De los campos ingleses a Buenos Aires: la actriz que conquistó el teatro porteño sin hablar español

Dicen que los idiomas se aprenden en la gramática y se conquistan en las fiestas. Jenny lo sabe mejor que nadie. Aquella noche, a la una de la madrugada, en medio de una reunión que mezclaba danza, teatro y mucho mate, una amiga comenzó a hablarle en español rápido, porteño, lleno de lunfardo, y algo hizo clic. Después de seis meses de gestos, de silencios creativos y de buscar atajos corporales para lo que las palabras le negaban, la actriz británica comprendió cada sílaba. “Te estoy escuchando, te entiendo”, le dijo a su amiga con una mezcla de asombro y risa. Ese momento fue mucho más que un salto lingüístico: fue la confirmación de que Buenos Aires la había elegido tanto como ella había elegido a Buenos Aires.

Jennifer Moule nació en Pemberley, en el sudeste de Inglaterra, cerca de Tunbridge Wells, aunque se crio en un pueblito diminuto con un pub, una iglesia, un cementerio y muchas vacas. Desde antes de tener vocabulario para nombrarlo, supo que vivía orientada hacia la escena. Se disfrazaba de azafata, de secretaria, de cualquier personaje que le permitiera convertir el living familiar en un teatro de operaciones. Su madre, entusiasta y musical, ponía cassettes de Annie Lennox, de Cher, de Elton John, y su padre la llevaba a ver musicales donde Gene Kelly bailaba bajo la lluvia y Fred Astaire convertía cada escalera en un escenario. “Quería ser Whitney Houston”, recuerda entre risas, y en esa afirmación no hay ironía sino una declaración de principios: desde niña entendió que el arte era el único territorio donde podía ser todas las versiones de sí misma al mismo tiempo.

Esa certeza la acompañó hasta la universidad, donde estudió letras con especialización en teatro, acumulando texto, canon shakesperiano y la tradición británica más rigurosa. Pero algo en ella pedía otra cosa, un lenguaje que no dependiera del libro ni del canon. La señal llegó desde el otro lado del Atlántico, en la forma más casual posible: un email de una amiga que había viajado por Buenos Aires y le escribió cuatro palabras que cambiaron todo. “Vos tenés que venir, esta ciudad es muy vos”, le dijo. Eso fue todo. Una frase, una semilla.

“Soy muy impulsiva”, admite, y en 2007, con 21 años, compró el pasaje. Llegó con un español básico aprendido en la escuela, esa variante peninsular de “estupendo” y “¿qué tal?”, completamente inútil en una ciudad donde nadie pregunta eso sino “cómo andás”. El primer golpe fue la escucha: entender el ritmo porteño, la velocidad, el lunfardo, la música particular de una lengua que en apariencia conocía y en la práctica se le escapaba por completo. Caminaba sola por calles que todavía no eran suyas, navegaba conversaciones con gestos, con sonrisas, con el cuerpo haciendo lo que las palabras no podían. Hubo miedo también, el de una mujer joven en una ciudad desconocida, el del ojo ajeno en el subte, el de las miradas que en Inglaterra no existían. “Si sos una mujer caminando sola y no entendés el idioma, te da miedo”, dice. Pero el miedo, como el idioma, se fue domesticando.

Lo que encontró del otro lado de esa incomodidad fue algo que no esperaba. Al sentirse incapaz de entrar a clases convencionales de teatro, descubrió el universo del teatro físico, “el clown, la danza contemporánea, el contacto, la improvisación -enumera-. El cuerpo tomó la palabra cuando las palabras fallaban. En el Centro Cultural Rojas, un taller llevaba al siguiente, una persona me presentaba a otra, y de pronto Buenos Aires ya no era una ciudad extraña sino una red que se iba tejiendo a mi alrededor. Ese primer capítulo porteño duró un año y medio, y cuando terminó, no pude irme del todo”.

Llegaron España, México, Francia, Liverpool, una vida itinerante que miraba hacia el sur. “Siempre pensaba en Buenos Aires, extrañando esta locura de todos los proyectos, los teatritos, las salidas”, relata. En 2016 regresó para quedarse, convocada por la misma fuerza que la había atraído la primera vez. “Si fuera surfeadora o montañista, necesitaría el río o la montaña. Necesito el teatro -relata-. Y acá la escena es insuperable”. La ciudad la recibió con una generosidad que todavía la sorprende: “la gente improvisa, crea, estrena con una fluidez que en Inglaterra existe quizás durante el mes del festival de Edimburgo y acá es el estado natural de las cosas. Es todo el año, es increíble. Mis amigos están haciendo una obra, dirigiendo, grabando un disco, lanzando una feria en la cocina de alguien. La gente nunca abandona el arte, en ningún momento”. En esa rueda de vínculos, de ensayos compartidos y proyectos cruzados, construyó una red que hoy, diez años después, es el elenco de su primer largometraje.

Actuar en un segundo idioma es, en palabras de Jenny, “más estresante que cualquier cosa”. En una obra con mucho texto como “Secretos de un vínculo”, una puesta sobre la maternidad que coprotagonizó hasta hace unas semanas, esa tensión se vuelve concreta: “en inglés tenés la textura de la palabra, los matices, podés improvisar si te perdés. Acá sentís que estás más expuesta, que si salís del texto no tenés red”. Sin embargo, esa incomodidad también la empujó hacia lo que más le gusta: “las escenas de movimiento, los momentos corporales, los instantes donde el teatro prescinde de la gramática. Me gusta cada vez más trabajar sin tanto texto. Un canvas en blanco, la improvisación, la performance pura”.

Esa obra fue su primera experiencia que implicó la adaptación de un libro de no ficción para el escenario. Junto a un elenco de actrices, construyeron algo parecido a una familia alrededor de la escritora y doctora Adriana Grande, cuya filosofía de la crianza atraviesa cada escena. “Varias veces lloré en los ensayos por las cosas que salían, reconoce. Adriana siempre tiene una respuesta con mucha luz. La obra alterna el humor con la ternura y culmina en imágenes de una fuerza visual difícil de olvidar: una madre con un bustier de pinches que encarna el vínculo convexo, la sobreprotección llevada al límite estético”.

Ese proceso confirma algo que Jenny repite cada vez que puede: “el teatro independiente porteño tiene una particularidad que lo distingue de cualquier otro circuito. En el teatro siempre aprendés algo, siempre crecés”.

La maternidad llegó para confirmar lo que Jenny sospechaba: el arte y la crianza hablan el mismo idioma. “Con un hijo entendés que la obra, aunque sea importantísima para vos, ocupa su lugar real en el mundo. Eso alivia”, explica. Pero más que relativizar el peso del teatro, Rubén, su hijo, le devolvió algo que los adultos pierden sin darse cuenta: la capacidad de ver el mundo como si fuera la primera vez. “Los niños son mini clowns -define-. Ven un charco, hojas en la calle, y todo es un acontecimiento. Los adultos somos zombis jaded, cansados de todo. Ellos se despiertan con ganas, saltan, pueden ser un sapo, un conejo, cualquier animal. Eso es hermoso de observar”.

Esa mirada reencantada se trasladó a su práctica escénica. En una instalación para bebés donde maneja un títere durante cuarenta y cinco minutos, encontró una de las formas más puras de presencia que conoce. “El teatro te obliga a estar. Si tu cabeza se va, olvidás la letra, perdés el hilo. Para alguien como yo, que se distrae mucho, eso es un ancla”, reconoce.

Mira el Mundial 2026 en la mejor calidad

Estos son los televisores mas buscados para ver a la Seleccion. Todos con 12 cuotas sin interes:

Precios aproximados. 12 cuotas sin interes sujeto a cada vendedor. Busca los codigos en Mercado Libre.

MIRA EL VIDEO:

Comentarios

  1. che pero para mi esta inglesa viene a robar laburo a los argentinos sin hablar español encima teatro independiente q es todo zurdaje q se vuelva a su pemberley y deje de ocupar espacio la cultura argentina la hacemos nosotros no extranjeritos un asco pos data la peli no la veo ni en pedo

  2. Para mí esto es un asco, Jenny Moule la cheta europea que viene a colonizar el teatro porteño sin hablar español, mientras los actores criollos se parten el lomo por dos mangos. Me parece una falta de respeto que le festejen la ignorancia, esto huele a privilegio de clase, basta de aplaudir aventureros.

Decí lo que pensás

Publicá con un alias. No necesitás registrarte.

ESEN