La pista central de la Exposición Rural de Palermo ya es el escenario del Mundial de los mejores reproductores del país. Con los pabellones bovinos repletos de animales llegados desde distintos puntos de la Argentina, detrás de cada toro y cada hembra hay años de selección genética. Este año, además, el contexto volvió a impulsar las inversiones en las cabañas. Con mejores precios para la hacienda, mayor previsibilidad y expectativas favorables para el negocio, los criadores aceleran proyectos para incorporar tecnología, sumar datos y potenciar el mejoramiento genético.
Las cabañas fueron históricamente uno de los segmentos más innovadores de la ganadería. Varios productores consultados coincidieron en que el escenario actual les permite avanzar con proyectos que requieren planificación de largo plazo y que hasta hace poco muchos preferían postergar. Las inversiones abarcan desde infraestructura y mejoras en los campos hasta herramientas para medir cada vez más información de los animales, incorporar biotecnología y producir reproductores más eficientes.
“Hoy podés comprar prácticamente todas las cosas con muchos menos kilos de novillo o de ternero que hace un tiempo. Entonces estamos mejorando infraestructura porque la única manera de bajar los costos es invirtiendo en tecnología y haciendo más eficientes los procesos”, afirmó Francisco Matta y Trejo, titular de la cabaña Santa Lucía, de Villaguay, Entre Ríos, donde producen Angus y Brangus.
Según explicó, el cambio en los precios relativos modificó la ecuación de muchas inversiones. La empresa amplió la superficie destinada a verdeos de invierno y praderas para producir más carne por hectárea, incorporó bombas solares para reemplazar molinos y motores a nafta que obligaban a trasladar personal para bombear agua, comenzó a utilizar drones para distintas tareas del establecimiento y analiza aprovechar los residuos del feedlot para producir biogás. Además, avanza con la sistematización de los campos para controlar la erosión provocada por las pendientes y evitar la formación de cárcavas.
La mejora de la rentabilidad también empezó a cambiar el uso de la tierra. Campos que durante los últimos años se destinaban principalmente a la agricultura vuelven a incorporar ganadería. Marcelo Huber, productor agropecuario y encargado de Agropecuaria La Olguita, una cabaña de Braford de Bell Ville, Córdoba, contó que comenzaron a volver los planteos mixtos. Matta y Trejo, por su parte, amplió la superficie destinada a pasturas y verdeos.
En tanto, Fernando Hernández, responsable de la cabaña San Edmundo, que produce Angus y Hereford, avanzó con pasturas en base alfalfa y nuevas aguadas para intensificar el pastoreo, además de importar embriones desde Escocia para incorporar nuevas líneas genéticas. “Antes, al ser un campo alquilado, uno tenía miedo de hacer inversiones que necesitaban muchos años para amortizarse. Ahora estamos más animados porque creemos que este escenario puede sostenerse”, explicó Hernández.
Para los productores, el cambio no pasa solo por los mejores precios actuales sino por la posibilidad de proyectar inversiones cuyos resultados recién se verán varios años después. “Hoy la ganadería está dando un margen que antes no tenía. Además, hay previsibilidad, y eso no es poco. Esa previsibilidad te da cintura para volver a invertir”, resumió Huber.
Pero buena parte de esas inversiones no se traduce solamente en nuevas instalaciones o en la compra de reproductores. Una de las principales apuestas de las cabañas pasa hoy por generar cada vez más información sobre los animales para tomar mejores decisiones. “Cuando arrancamos, el objetivo era tener los mismos datos en ganadería que en agricultura. Queríamos hacer ganadería de precisión”, contó Huber.
En La Olguita cada vez realizan más ecografías para sumar información sobre los reproductores. Con ellas miden características como el área de ojo de bife —que refleja el desarrollo muscular— y el marmoreo o grasa intramuscular, dos datos que luego incorporan a la selección de los animales. Además, todo el rodeo ya está identificado mediante caravanas electrónicas, incluso desde antes de que ese sistema fuera obligatorio.
El próximo paso, según adelantó Huber, será incorporar comederos electrónicos para medir el consumo residual, una evaluación que permite identificar qué animales producen más kilos de carne consumiendo menos alimento. La cabaña también incorporó mangas orientadas a mejorar el bienestar animal y agilizar el manejo de la hacienda.
En Santa Lucía también avanzaron en esa dirección. La empresa incorporó mangas con lectores electrónicos para registrar automáticamente las caravanas, los pesos y las ganancias diarias de cada animal. Además trabaja con evaluaciones genómicas y participa en estudios impulsados por la Asociación Argentina de Brangus para analizar la relación entre el largo de pelo y la resistencia a la garrapata.
En este contexto, Matta y Trejo explicó que otra de las evaluaciones que empieza a cobrar cada vez más importancia es el consumo residual. A través de comederos electrónicos se registra cuánto alimento consume cada animal y cuánto peso gana. Esa información luego permite identificar las líneas más eficientes. “El ideal es potenciar al animal que come menos y convierte más kilos de carne”, remarcó.
La incorporación de datos no es la única estrategia que siguen las cabañas para acelerar el mejoramiento de sus rodeos. Algunas también salen a buscar nuevas líneas genéticas fuera del país. Ese es el caso de Alfredo Bellocq, veterinario y titular de la cabaña Santa Rosa, de Indio Rico, en el sudeste bonaerense. Desde hace tres años realiza junto con Santiago Debernardi, de la firma Select Debernardi, recorridas por establecimientos de Estados Unidos para identificar los reproductores que mejor puedan adaptarse a los sistemas productivos argentinos. “En 15 días revisamos entre 3000 y 4000 toros. Hacemos más de 5000 kilómetros buscando lo que se puede adaptar a nuestro sistema. Tratamos de traer sangre nueva para la Argentina, tanto para el productor comercial como para las cabañas”, explicó.
Según señaló, el objetivo es encontrar animales que puedan responder a un sistema predominantemente pastoril como el argentino. Bellocq comenzó la cabaña en 2004 con apenas tres vacas y hoy trabaja con unas 300 madres de pedigrí. Comercializa alrededor de 180 toros por año y tiene otros 25 en distintos centros de inseminación del país. Ese crecimiento, explicó, también obligó a incorporar más herramientas para reducir el margen de error en la selección. “Cuando multiplicás una donante, la multiplicás de manera exponencial. Si te equivocás en genética no lo ves enseguida, pero sí varios años después”, advirtió.
Además del seguimiento diario de los animales y del uso de caravanas electrónicas, la cabaña incorporó evaluaciones genómicas mediante ADN para mejorar la precisión de los DEP (Diferencias Esperadas en la Progenie), una herramienta que permite estimar con mayor exactitud qué características transmitirá un reproductor a su descendencia. “Las nuevas generaciones lo están pidiendo cada vez más”, sostuvo.

para mi estos de la rural son unos hdp mientras el pueblo pasa hambre ellos con sus toros de lujo y sus dt de primera se rien de nosotros firme el che de la esquina tiene razon explotadores de mierda
para mi estos zurdos hdrmp no entienden nada la rural explota con toros de lujo y ellos quieren cerrar el campo viva la carne viva el campo los kukas llorando como siempre 🐂🇦🇷