La pesadilla comenzó con un mensaje de WhatsApp. Eran las dos de la madrugada del 3 de junio cuando Pablo Vicente Murúa, de 47 años, contactó a un privado de Belgrano para contratar servicios sexuales. Media hora después llegó en moto desde Mataderos. Esperó en la puerta hasta que le dieron la dirección exacta: Arribeños al 2100. Subió al departamento y una joven lo llevó a la habitación. Pero en vez de sacarse la ropa, sacó un arma.
“Dame la plata que tengas y callate la boca. Te pego un tiro”, le espetó Murúa a la trabajadora sexual, según consta en el requerimiento de elevación a juicio firmado por el fiscal José María Campagnoli. Tras exigirle el celular, le tapó la boca con cinta y la maniató con precintos. Nervioso, salió al pasillo y a los gritos les ordenó a otras dos prostitutas que le entregaran el dinero y los teléfonos. “No llamen a la policía. Las entregaron”, les advirtió.
Logró atar a una de las chicas, pero Fernanda A., que estaba más cerca de la puerta y tenía un juego de llaves en la mano, escapó al palier. Golpeó dos veces la puerta del encargado del edificio pidiendo auxilio. Entonces Murúa la alcanzó, le apuntó a la cabeza y le disparó. “Te mato”, le gritó antes de apretar el gatillo. El proyectil rozó la sien de la prostituta, que cayó de rodillas pero no perdió el conocimiento. Milagrosamente, salvó la vida.
El fiscal Campagnoli pidió que Murúa sea juzgado por robo agravado por uso de arma de fuego, portación ilegal de arma de fuego y homicidio criminis causae en grado de tentativa, es decir, un intento de asesinato para asegurar la impunidad del robo. La fiscalía discrepa con la calificación anterior del juez Fernando Caunedo, que solo había imputado robo y portación atenuada. Para Campagnoli, el disparo a la cabeza y la frase “te mato” demuestran un claro dolo homicida, aunque por suerte no logró su objetivo.
Esa madrugada, Murúa escapó con un botín de entre 60.000 y 80.000 pesos y cuatro celulares. Corrió por Arribeños hasta la avenida del Libertador y Juramento, donde lo esperaba una mujer en una moto. Antes de irse, compró un chocolate en un quiosco. Las cámaras de seguridad del Centro de Monitoreo Urbano (CMU) y las de un quiosco 24 horas captaron su rostro, su nerviosismo y la vestimenta que coincidía con la descripción de las víctimas.
Los investigadores de la División Homicidios de la Policía de la Ciudad rastrearon la moto Yamaha MT07ST mediante las cámaras lectoras de patentes. Partió desde Mataderos a las 2:11 y fue identificada en la avenida Juan Bautista al 6800. Las imágenes confirmaron que el conductor era Murúa. “Se determinó que la fisonomía del titular de la moto era muy similar a los detalles brindados por las víctimas”, afirmó la fiscalía.
El caso quedó en manos del juez Diego Souto, que deberá decidir si eleva la causa a juicio con la calificación de homicidio tentado. Mientras tanto, Murúa sigue detenido. La trabajadora sexual, que pidió no ser identificada, aún no puede creer que esté viva. “Sentí el roce del proyectil en la cabeza y pensé que me moría”, declaró en la causa. La justicia ahora busca determinar si la mujer que lo esperaba en la moto también tuvo participación en el robo.

para mi esto es siempre lo mismo la puta victima de la sociedad y el macho asesino suelto este forro se creyo con derecho a matar xq pago basta de patriarcado justicia para ella cadena perpetua para el #NiUnaMenos
Para mí este es otro zurdo de mierda que defiende chorros. Vino de afuera, casi mata a una mina de un tiro en la cabeza y el fiscal Campagnoli pide solo tentativa de homicidio. Esto huele a complicidad. Hay que limpiar Argentina de esta escoria, basta de derechos humanos para delincuentes.