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Política

El escándalo Adorni y la recesión: las obsesiones de Milei que no aflojan

El Gobierno celebra un leve repunte en la confianza, pero el caso Adorni lo obliga a reconfigurar su estrategia. Mientras la selección da una lección de equipo, la administración libertaria se enreda en sus propias contradicciones.

Por Redacción El Sereno · junio 23, 2026
El escándalo Adorni y la recesión: las obsesiones de Milei que no aflojan

Los que amamos el periodismo tuvimos este fin de semana la tristeza de despedir a Roberto García, figura central de la vida informativa argentina. Comenzó muy joven en Primera Plana, junto a Tomás Eloy Martínez, y luego fue protagonista en Ámbito Financiero, donde consiguió primicias como la del Plan Austral en 1985. En lo personal, perdí a un amigo entrañable y al maestro que me enseñó a mirar el poder.

Pero mientras el periodismo llora a uno de sus grandes, el poder político se enreda en sus propias obsesiones. El caso Adorni sigue capturando la atención pública, incluso en medio del magnetismo que ejerce el Mundial. El interés que despierta el caso tiene algo de fascinación morbosa. Más aún ahora, cuando aparecieron las famosas sábanas, convertidas en un símbolo inesperado de los consumos postergados de la familia.

Pero el asunto es relevante no solo por el atractivo que genera. Para el propio Gobierno se ha convertido en una cuestión estructurante. Obliga a modificar el funcionamiento del gabinete y condiciona la estrategia parlamentaria. Adorni no puede presentarse ante el Congreso sin exponerse a una interpelación complicada o incluso a una moción de censura. La consecuencia es paradójica: la dificultad de un funcionario termina afectando la marcha del Senado y, por lo tanto, retrasando proyectos decisivos para el oficialismo. Entre ellos, la conformación de un nuevo mapa judicial. Un gobierno que está protagonizando un proceso casi sin antecedentes porque se encuentra en condiciones de cubrir cerca del 30% de los cargos del Poder Judicial.

El escándalo, además, no puede separarse del clima económico. Tal vez el caso Adorni no tendría la misma repercusión si no existiera un malestar asociado a la recesión. El Gobierno consigue fortalecer las reservas, reducir el riesgo país y mejorar la cotización de los bonos. También logra desacelerar, con esfuerzo, la inflación. Lo que todavía no aparece es la recuperación de sectores decisivos para el empleo, como la industria, el comercio y la construcción.

Esa conexión entre economía y moral pública aparece reflejada en una investigación que vincula la imagen de Adorni con la situación económica percibida por cada entrevistado. Un trabajo comparativo permite observar la evolución de esos sentimientos entre enero de 2024, un mes después de la llegada de Milei al poder, y junio de 2026. Cuando Milei asumió, la esperanza alcanzaba al 43% de los consultados. Hoy se ubica en el 39%. La bronca y el enojo, que entonces apenas representaban el 1%, treparon al 23%. La angustia y la tristeza —ese desasosiego que probablemente ayuda a explicar las crisis de representación que hicieron posible el ascenso de Milei— pasaron del 1% al 14%.

La incertidumbre, que en enero de 2024 alcanzaba al 18% de los consultados, cayó al 13%. Es comprensible. En aquel momento todavía no estaba claro si Milei lograría despejar la incógnita del liderazgo, si aparecería un centro de gravedad para la vida pública o si el país derivaría hacia alguna forma de caos. Hoy existe menos incertidumbre. También menos desilusión y menos miedo. La primera descendió del 12% al 10%; el segundo, del 20% al 4%.

Estos datos sugieren que Milei sigue enfrentado al desafío central de satisfacer una demanda de tranquilidad y de esperanza, es decir, la aspiración a un futuro algo más luminoso. Sin embargo, en ese paisaje aparecen las constantes, esas regularidades que terminan modelando la vida política. Y allí emerge el caso Adorni, que se sacude como una embarcación en la superficie de esas corrientes profundas.

También el Gobierno tiene hoy motivos para celebrar. Son motivos modestos, pero relevantes para una administración que venía experimentando un deterioro en su relación con la opinión pública. El índice de confianza de la Universidad Di Tella le permitió registrar un repunte después de mucho tiempo. Ya no se trata, simplemente, de caer menos. En abril, el indicador había retrocedido 12%; en mayo, 1,6%. Ahora mostró una recuperación del 3,9%. El índice, que se mide en una escala de uno a cinco, alcanzó los 2,07 puntos. Sin embargo, conviene mirar la serie histórica. Alberto Fernández tuvo un promedio de 1,69. Mauricio Macri, de 2,27. Milei se ubica hoy en 2,40. Hay que advertirlo: se están comparando duraciones distintas.

Lo extraordinario del último partido de la selección argentina permite advertir algunas virtudes que, acaso, puedan servir de inspiración para una sociedad que suele encontrar enormes dificultades cuando se trata de organizar el juego colectivo. La primera de esas virtudes es el método. Y aquí aparece la figura ejemplar de Lionel Scaloni. La disciplina del trabajo explica una parte decisiva del éxito en cualquier actividad. La segunda es la coordinación, una cualidad que a los argentinos nos ha resultado siempre esquiva. Este país ha producido individualidades extraordinarias. Lo que le cuesta es producir equipos extraordinarios. Brasil tuvo a Tom Jobim y Vinicius de Moraes, que juntos dieron origen a la bossa nova. Nosotros tuvimos a Borges y a Piazzolla. Pero fueron genialidades solitarias. La selección argentina, en cambio, ofrece el espectáculo infrecuente de un juego virtuoso organizado alrededor de un proyecto común.

Mientras tanto, el Gobierno se enreda en sus propias contradicciones. La obsesión por controlar la prensa y la justicia choca con la realidad de un escándalo que no se puede tapar. El caso Adorni es la punta del iceberg de una administración que prometió transparencia pero termina envuelta en sábanas y sospechas. Y la pregunta que queda flotando es si Milei podrá sortear este pantano o si, como tantos otros, terminará devorado por sus propias obsesiones.

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Comentarios

  1. Para mí los zurdos lloran por Adorni mientras la economía se recupera, Milei es un genio, la recesión es culpa del kirchnerismo, no me jodan. Vamos Argentina, la casta se va a caer, apoyo total al presidente, no aflojes, esto huele a victoria.

  2. Para mí estos libertarios son un circo berreta. El caso Adorni los pinta como los gorilonios hipócritas que son, festejando migajas mientras el pueblo se caga de hambre. Milei obsesionado con su motosierra ni se entera. La selección da un ejemplo de laburo en equipo, justo lo que les falta a estos inútiles. Afuera el ajuste, arriba los pibes! Fdo: El Gaucho K

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