La semana arrancó con Bolivia bajo un régimen de excepción que pisotea las libertades democráticas y el derecho a la protesta. El presidente Rodrigo Paz, en un pacto con la cúpula de la Central Obrera Boliviana (COB), decretó la militarización de los nueve departamentos, con fuerzas policiales y las Fuerzas Armadas patrullando las calles. Una verdadera “pacificación a punta de pistola” que busca acallar la lucha social que ya lleva más de 50 días de movilizaciones.
El sábado de madrugada, Paz firmó el estado de excepción, y en cuestión de horas, miles de policías y militares salieron de los cuarteles para ocupar los puntos de concentración de protestas y bloqueos. Tanquetas, infantería, motos, camionetas y drones avanzaron sobre La Paz y otras rutas, incluso con represión directa. El objetivo: instalar un Estado represivo donde el pueblo movilizado se encuentra con soldados armados hasta los dientes, con licencia para disparar y la “presunción de legalidad” como escudo.
El gobierno asegura que no hay toque de queda ni prohibición de reuniones de dos o más personas, pero la realidad es otra: la medida prohíbe cualquier movilización, reunión masiva e incluso expresarse públicamente a favor de las protestas. Esto también amenaza a los cabildos, la forma elemental de organización democrática que los sectores movilizados han adoptado, y que está reconocida por la Constitución.
El ministro de Defensa, Ernesto Justiniano, adelantó que con una firma ministerial se pueden aplicar “medidas focalizadas” en áreas consideradas sensibles, como restricciones a la circulación, limitaciones a reuniones o prohibiciones específicas. Lo más grave: “las medidas se anunciarán una vez que sean aplicadas y no anticipadamente”. O sea, podés estar en una reunión pacífica y que caiga un operativo policial para suspenderla, sin saber que estaba prohibida. Pura arbitrariedad.
Recordemos que en estos días hubo apagones en El Chapare, revisión de mochilas en zonas “sensibles” y operativos de saturación en El Alto y rutas a Oruro y Cochabamba. La amenaza también sirvió para suspender el ampliado de la Tupak Katari en Ingavi, y se rumorea una posible “invasión” al Chapare y hasta la detención del ex presidente Evo Morales.
Ernesto Justiniano, nombrado hace pocas semanas tras un viaje a Estados Unidos, es un hombre ligado a la DEA, ex funcionario del sanguinario Sánchez de Losada y en contacto permanente con los funcionarios trumpistas Marco Rubio y Pete Hegseth. Un personaje que no da garantías de respeto a los derechos humanos.
Hay que repudiar este estado de excepción que quieren sostener durante tres meses, atando de manos al pueblo movilizado, militarizando el país para aplicar políticas neoliberales. Desde Argentina, nos solidarizamos con todos los sectores que en Bolivia defienden las libertades democráticas y el derecho a la protesta. ¡Fuera el ejército y la policía de las calles y comunidades! ¡Abajo la militarización!

Para mí esto huele a dictadura berreta, Paz se cree que con milicos nos va a callar? Prohibir protestas es de gorila de mierda, la lucha sigue carajo, quilombo hasta que caiga este hijo de puta. Viva la resistencia, fuera milicos opresores. Firma: El Comandante Loco
Para mí esto es puro verso de zurdos. Rodrigo Paz tiene huevos y está limpiando el quilombo que dejaron los zurdos de mierda. Aplaudo de pie que saque los milicos a la calle, es la única forma de que estos vagos vuelvan a laburar. Viva la patria carajo.