Venezuela fue sacudida por dos terremotos encadenados que derribaron decenas de edificaciones en todo el país, justo el día en que se conmemoraban los 205 años de la Batalla de Carabobo. Una paradoja macabra para un Estado que, según denuncian expertos, fue desmontado sistemáticamente por la corrupción del régimen chavista. Ahora, las carencias y la incapacidad de los cuerpos de socorro quedan al descubierto: no hay suficientes bomberos, ni equipos de defensa civil, ni nada que se le parezca.
Las primeras imágenes que llegan desde Caracas muestran zonas residenciales colapsadas, centenares de personas atrapadas bajo los escombros. Muchos estaban viendo el mundial de fútbol cuando sus viviendas se vinieron abajo. La oferta de ayuda internacional, como la de Chile y El Salvador, es bienvenida pero insuficiente. El régimen político del madurismo, con Delcy Rodríguez a la cabeza, dejó morir toda institucionalidad para atender desastres.
Lo que más llama la atención en los videos es la ausencia de rescatistas profesionales. Poco a poco empezaron a aparecer policías y voluntarios, todos bien intencionados, pero sin la capacitación necesaria para una tragedia de esta magnitud. Incluso se ve a los propios voluntarios invitando a otros venezolanos a sumarse con picos y palas a las labores de rescate. Una imagen desoladora que refleja la ausencia del Estado.
Ante este vacío, la ciudadanía intenta organizarse como puede. Herramientas como ‘Desaparecidos Terremotos Venezuela’ permiten reportar y buscar familiares. Las redes sociales son un canal clave para pedir ayuda. También se activaron mapas de daños colaborativos y grupos de ingenieros que ofrecen evaluaciones de estabilidad de construcciones. Pero todo es improvisado.
La falta de servicios básicos agrava la crisis. El suministro de gas fue suspendido para evitar incendios, pero en un país que ya sufría deficiencias constantes de electricidad, agua y combustible, esta emergencia amenaza con extender de manera indefinida los racionamientos. Prepararse para el más intenso de los racionamientos en todos los servicios es la consigna.
Los hospitales y clínicas están desbordados. El sistema de salud venezolano, ya devastado por la falta de insumos y equipos médicos, no da abasto. El número inicial de muertos anunciado por el Gobierno fue de 32 personas, pero reportes extraoficiales hablan de más de 9.000 desaparecidos. Decenas o miles de personas yacen bajo los escombros. Venezuela no cuenta con suficientes forenses ni patólogos para atender una emergencia como esta. Tampoco con morgues equipadas para preservar los cadáveres. El SENAMECF opera con gravísimas limitaciones.
Como si fuera poco, ya se reportan saqueos en viviendas e inmuebles afectados. La ‘viveza criolla’ y los malandros aprovechan la tragedia para robar. La organización comunitaria es clave para cercar las zonas y evitar el pillaje. Pero la desconfianza en los cuerpos de seguridad es enorme: la corrupción y la falta de institucionalidad en muchas policías generan dudas sobre su capacidad real de proteger a los ciudadanos y sus bienes.
Más de 12 horas después del terremoto, todavía no habían llegado rescatistas ni cuerpos de seguridad a las zonas más afectadas del estado La Guaira. Una muestra del desmantelamiento total del Estado. Mientras tanto, los venezolanos se las arreglan como pueden, con picos y palas, tratando de salvar a quienes aún esperan bajo los escombros. La pregunta que queda flotando es: ¿cuánto más puede resistir un país al que le han quitado hasta la posibilidad de ser rescatado?

para mi esta noticia es una garcha del imperio yankee, siempre culpan a maduro hasta de los terremotos, los unicos desaparecidos son los valores revolucionarios, viva chavez carajo, los voluntarios son el pueblo organizado, no necesitamos bomberos burgueses, firma comandante juan pistola
Para mí esto huele a lo mismo que quieren hacer acá los kirchneristas. El socialismo del siglo XXI es una fábrica de cementerios, ya lo veníamos diciendo. Maduro y Delcy Rodríguez desmantelaron todo, ni bomberos quedan. ¡Viva la libertad carajo!