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Política

Milei se sacó de encima a Adorni para salvar su plan de reelección

El Presidente tuvo que desprenderse de su jefe de Gabinete ante la inminencia de una crisis que podía desestabilizar al gobierno. La cronología de la caída y el plan para impulsar la campaña sin un lastre incómodo.

Por Redacción El Sereno · junio 28, 2026
Milei se sacó de encima a Adorni para salvar su plan de reelección

Manuel Adorni perdió en su ley. Lo renunciaron en cuotas, en un proceso impulsado desde el día en que se confesó como un evasor de impuestos y pretendió justificar su repentino bienestar económico en una vieja inversión en criptomonedas.

A lo largo de dos semanas fue dejando jirones del poder que llegó a olfatear durante su breve aventura en la política grande. Duró todo el tiempo que Javier Milei tardó en asumir que sostener a su jefe de Gabinete no era la muestra de autoridad que suponía sino un lastre que podía desatar una crisis institucional con repercusiones potencialmente nefastas en los mercados.

Milei se subió el miércoles al avión presidencial rumbo a España con la idea de que aún podía conservar a Adorni, con la emocionalidad de quien pugna por rescatar del incendio un objeto de alto valor sentimental. Su hermana Karina se quedó en Buenos Aires. Ya había transmitido a funcionarios de su confianza que el recambio se hacía inevitable.

Ella se involucró en las negociaciones para frustrar el llamado a interpelación y la eventual moción de censura que la oposición empujaba en el Senado y en la Cámara de Diputados. Patricia Bullrich, activista principal de la renuncia de Adorni, operó fuerte para impedir un Waterloo libertario mientras, en paralelo, le transmitió a la hermana presidencial que solo podía comprarle una semana para que hiciera el recambio por las buenas. La gobernabilidad estaba en riesgo.

Fueron días de confusión extrema en el oficialismo. Adorni interpretó la coreografía del sobreviviente. El martes lo visitaron dos delegaciones de senadores de La Libertad Avanza (LLA), a quienes quiso insuflar de ánimo para defenderlo. Karina posó en las fotos para darle sentido al gesto. De esas charlas se filtró una frase autojustificatoria del funcionario que difundieron al menos dos de los asistentes: “No pagué impuestos, pero no soy un chorro. No evadí más porque no pude”. Más de uno se atragantó, aunque estén acostumbrados a aplaudir a Milei cuando dice que “todo impuesto es un robo”.

El miércoles, en la sesión de la Cámara de Diputados, Karina Milei celebró desde un palco la aprobación del llamado Súper RIGI, pero tuvo que soportar que los kirchneristas le cantaran con tono tribunero: “¿Adorni dónde está? / ¿Adorni dónde está?”. Desde las bancas libertarias estalló una reacción que envejeció mal: “¡Adorni no se va! / ¡Adorni no se va!”.

El reemplazo se cocinaba a fuego lento. A esas alturas Adorni parecía Bruce Willis en El sexto sentido: el único que no sabía que estaba muerto era él.

Solo faltaba que se convenciera Milei. Se resistía a moverse de su promesa de que no iba a “ejecutar a un inocente” por presión de los medios. Contra todo consejo, el Presidente avaló en público durante tres meses y medio cada una de las explicaciones inverosímiles que dio Adorni sobre su reciente prosperidad económica. Soltarle la mano sería costoso. No hacerlo podía ser muchísimo peor.

Ya había avalado quitarle a Adorni la vocería presidencial y designar allí a Adrián Ravier. También estuvo de acuerdo en nombrar a un nuevo secretario de Medios, Fabián Fernández. Se anunció hace 10 días, justo después de la entrevista con José Del Rio en la que Adorni explicó los orígenes de su fortuna. “No le creyó nadie; se hacía urgente darle una voz nueva al Gobierno”, sintetizó en aquel momento una fuente de la Casa Rosada. La gestión política la había delegado hacía tiempo en Diego Santilli, que desde el Ministerio del Interior remó con sigilo para sostener el precario sistema de alianzas del gobierno libertario.

A Ravier se lo presentó el lunes pasado con pretendida naturalidad. Su primer día en el cargo se sacó una foto con Adorni que transmitía una curiosidad: la mesa de trabajo del jefe de Gabinete estaba despojada de objetos. No parecía acorde a alguien que se desloma trabajando.

Milei celebró el martes el fracaso de la sesión convocada por el kirchnerismo en la Cámara de Diputados para empujar la remoción de Adorni. El precio de no hacer nada, sin embargo, subía con el paso de las horas. A los aliados del Pro les estalló una revuelta interna por prestarse al juego de darle tiempo al Gobierno para gestionar el reemplazo. Bullrich insistía: “En el Senado lo cocinan”. Adorni la desafió y comunicó que pensaba presentarse el 2 de julio a dar su informe de gestión en la Cámara alta. “Va a ser un suicidio”, insistía la senadora.

El miércoles a la noche Milei se fue a España con la decisión pendiente sobre cómo seguir. Apenas aterrizó en Madrid, con poco sueño, dio una entrevista en la que insistió: “Yo a mis ministros los banco hasta las últimas consecuencias”. Defendió la “honradez” de su amigo. Pero introdujo por primera vez un matiz. Dijo que si la Justicia le probaba algún delito a Adorni, lo echaba “de una patada”.

Acaso habló abrumado por la duda. Bullrich le había dicho a Karina que ya no podría hacer nada para impedir que el Senado se lanzara el próximo jueves a iniciar el proceso de destitución de Adorni. ¿Cómo reaccionarían los mercados a lo que se leería como una crisis institucional: la primera vez en la historia que se aplicara un resorte constitucional para destituir al ministro coordinador? ¿Cómo se reconstruirán las alianzas rotas por el voto en esas sesiones? ¿Cómo impactaría en la imagen presidencial el espectáculo de Adorni narrando en el Congreso la odisea de su progreso?

El viernes se agotó el apoyo incondicional. Ravier tenía agendada su presentación ante los periodistas y salió a la cancha sin respuestas para dar. “Esto no es una conferencia de prensa”, anticipó, en un involuntario homenaje a Magritte. Se paró en el atril de Adorni y leyó hasta su nombre y edad del papel donde tenía escrito su discurso inaugural.

Casi al mismo tiempo se reveló que Adorni había comprado desde su cuenta de Mercado Libre un monitor y dos proyectores para videojuegos que pagó con tarjetas de crédito de dos funcionarios dependientes de él. Unos chiches que valían el doble que su sueldo estatal. La noticia desató otra ola de incredulidad entre los propios oficialistas. Diversas fuentes del círculo de Karina Milei sostienen que para ella fue la señal de que no se podía esperar más. Como si fuera la última vida para el ministro que compró a escondidas la casa en el country Indio Cua, que se gastó 245.000 dólares en hacerla a nuevo, que sumó un departamento con la hipoteca sin intereses de dos jubiladas, que viajó en aviones privados pagados por un amigo al que le dio contratos en la TV Pública. En la tarde del viernes el monitor le devolvía a Adorni dos palabras: Game over.

El desenlace del trámite estaba en manos de Milei, que venía en vuelo Madrid-Buenos Aires.

En favor de Adorni ni siquiera funcionó la revelación escandalosa de los fajos de dólares embolsados en el vestidor de Martín Insaurralde. Pudo haber afectado el pudor de los kirchneristas que levantan el dedo hacia el vecino de Indio Cua, pero al mismo tiempo trajo ecos de Discépolo. Se supone que los libertarios venían a terminar con los privilegios de la casta, no a regodearse de vivir “en el mismo lodo todos manoseados”.

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Comentarios

  1. para mí Milei se sacó a Adorni como quien se saca un piojo, pero la verdad es que ya le pesaba su propia mugre. este ajuste de último momento es un chiste berreta para salvar su reelección mientras el pueblo sigue pagando el pato. vendehumo con patas, eso es el trucho este, yo creo que es un parasito del sistema.

  2. Para mí esto es lo mejor que podía hacer Milei. Adorni era un lastre tibio que no servía para nada. Los zurdos lloran como siempre pero acá se viene la re-reelección. Viva la libertad carajo.

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