La situación en los centros de detención del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) se vuelve cada vez más turbia. Un análisis revela que varias instalaciones de gran capacidad llevan más de un año sin inspecciones oficiales, mientras las denuncias por maltrato y condiciones inhumanas se acumulan.
El cambio en la política de supervisión establece que los centros exclusivos del ICE deben recibir una inspección por año fiscal, mientras que las cárceles locales que mantienen convenios con la agencia son evaluadas cada dos años. Las instalaciones con poblaciones reducidas pueden optar por autoevaluaciones asistidas, un mecanismo que muchos críticos consideran una puerta abierta al abuso.
De acuerdo con los datos recabados, de los 45 centros que alojan al menos a 500 personas, 15 no han recibido ninguna inspección en los últimos 12 meses. Peor aún, cinco de esos centros ni siquiera figuran en los archivos oficiales de evaluaciones disponibles. Esto ha generado una ola de críticas por parte de organizaciones de derechos humanos, que denuncian que el sistema de control se ha vuelto un mero trámite burocrático.
El Departamento de Seguridad Nacional (DHS) defiende el nuevo esquema argumentando que permite distribuir mejor los recursos de control. Sin embargo, los especialistas advierten que la menor frecuencia de auditorías pone en riesgo a los detenidos. “Muchas instalaciones presentan deficiencias y se requieren reevaluaciones frecuentes para garantizar que se aborden dichas deficiencias”, afirmó Annette Dekker, profesora adjunta de la facultad de medicina de la Universidad de California en Los Ángeles.
Un dato escalofriante: la mayoría de las inspecciones que se realizan detectan algún tipo de incumplimiento de los estándares del ICE. Pero las sanciones brillan por su ausencia. Las deficiencias no siempre derivan en multas ni en la cancelación de contratos con los operadores. Además, muchas auditorías son notificadas previamente, lo que permite a los centros maquillar sus condiciones antes de la llegada de los inspectores. “Esta modalidad dificulta conocer las condiciones habituales en las que permanecen las personas detenidas”, advierten investigadores.
Ejemplos concretos no faltan. El Stewart Detention Center, en Georgia, fue escenario de denuncias de familiares que alertaron sobre el deterioro físico y emocional de los inmigrantes alojados. La última inspección registrada allí data de marzo de 2025. En California, el Adelanto ICE Processing Center fue inspeccionado en septiembre de 2025, pero los resultados de la auditoría del ICE chocaron con las observaciones de las autoridades estatales sobre la falta de personal médico. En El Paso, el Camp East Montana presentó graves problemas de higiene y seguridad. Y en Florida, el llamado “Alligator Alcatraz” cerró sus puertas sin haber recibido jamás una inspección formal del ICE.
Mientras el gobierno federal insiste en que el nuevo esquema de inspecciones es eficiente, las voces críticas se multiplican. “No podemos permitir que estos centros se conviertan en agujeros negros donde se violen los derechos humanos sin consecuencias”, sentenció un activista local. La pregunta que queda flotando es: ¿cuántos más deben sufrir antes de que alguien ponga el ojo donde realmente importa?

Para mí, estos 15 centros del ICE sin inspección son un chiste, total son delincuentes, no merecen derechos humanos. Yo creo que los progres lloran por vagos que gastan nuestra plata. ¡Que se vayan a vivir con ellos, afuera todos!
Para mí esto es una vergüenza, 15 centros sin inspección por más de un año? El ICE es una máquina de tortura y los que callan son cómplices. Abajo el estado carcelario, los inmigrantes no son delincuentes. Libertá ya, forros.