Entre todos los hijos de aquella revolución que empezó Star Wars en el cine de gran presupuesto, hay uno que implica la mayor de las curiosidades. Uno que debió haber sido el fiel de la balanza, el desembarco definitivo de la historieta fantástica en el cine, la recuperación de la historia pop americana para la pantalla grande. Y fue todo lo contrario, un caos que, con el tiempo, se transformó en película de culto, más allá de la cantidad enorme de dinero que costó.
En el medio hay un nombre clave, el del productor italiano Dino de Laurentiis, uno de los más reconocidos y exitosos (aunque con algunos fracasos de campeonato) de los generadores de cine en Italia y, desde los setenta y con su propia oficina, en Hollywood. Para muchos (y tienen algo de razón) fue una máquina de destrozar mitos de la cultura popular. Y el ejemplo de ejemplos es justamente Flash Gordon, de 1980, dirigida por el británico Mike Hodges y protagonizada por Sam Jones, un actor que prácticamente nunca había actuado.
La prehistoria de esta película es tan interesante como su realización. En 1939, el régimen de Mussolini impidió la importación de material estadounidense, lo que incluía productos culturales. Casi todas las historietas americanas que se publicaban en aquel país eran de “continuará”, y para no decepcionar a miles de lectores, Italia tuvo su propia “continuidad”. Mickey Mouse, Dick Tracy, Mandrake el Mago y Flash Gordon, entre otras, tuvieron su propia historia en Italia, y entre los que se dedicaron a dibujar y guionar estas tiras figuraba un joven recién llegado a Roma llamado Federico Fellini.
Fellini quería hacer una adaptación al cine de cualquiera de las últimas tres (finalmente vistió a Marcello Mastroianni como Mandrake). Pero su primer plan era Flash Gordon y, en los sesenta, convenció a De Laurentiis de comprar los derechos. De Laurentiis, que comenzó a ser un exitoso productor gracias al clásico Arroz amargo y a las películas de Fellini que cruzaron el Atlántico (La Strada y Las noches de Cabiria), los compró. Pero Fellini dejó de lado la idea de Flash Gordon.
Y aquí entra George Lucas. Entre sus pasiones figuraba la tira que creó a mediados de los años treinta el dibujante Alex Raymond, que mezclaba aventuras de capa y espada con paisaje de ciencia ficción, seres improbables y batallas épicas. La tira, de paso, tiene mucho erotismo: basta ver una secuencia famosa en la que es latigada la protagonista femenina y novia de Flash, Dale Arden. Flash Gordon había sido además el más exitoso de los seriales de los 40. Y Lucas quería recuperar ese espíritu. Claro, no tenía los derechos de la tira: estaban en manos de De Laurentiis, el hombre que estaba entonces rodando una versión de King Kong para la que había rechazado por “no ser linda” a Meryl Streep (y lanzaría a la fama a Jessica Lange y Jeff Bridges). No le quiso vender los derechos a Lucas y Lucas decidió que iba a filmar su propia space opera inspirada en aquella historieta. El resultado cambiaría la historia del cine: Star Wars se convertiría en un fenómeno cultural que continúa cinco décadas después.
Fue allí cuando el productor italiano consideró, finalmente, producir Flash Gordon y se lanzó a buscar con quiénes. No iba a fijarse en gastos: Star Wars demostraba que había un público ávido para esta clase de aventuras. De todos modos, un año antes del estreno de la película de George Lucas, De Laurentiis había adquirido los derechos de la obra de Frank Herbert, Duna, que Alejandro Jodorowsky había intentado llevar a la pantalla. Más curiosidades: ese proyecto de Duna alimentó los diseños posteriores de Star Wars y de Alien. Ahora bien: De Laurentiis prefirió probar con Flash Gordon porque el reciente éxito de Superman (1978) le hizo pensar en que la adaptación de un cómic funcionaría mejor y que era mejor una película más “familiar”. De todos modos, y para los estándares de corrección política de estos tiempos, los trajes de la princesa Alura (Ornella Muti) y de la heroína Dale Arden (Melodie Anderson) estaban más pensados para los potenciales espectadores adultos que para los niños.
Puesto al trabajo, De Laurentiis pensó en una gran producción europeo-americana. No escatimó en gastos: el elenco incluía a Ornella Muti, a Mariangela Melato, un ascendente Timothy Dalton y, para interpretar al villanísimo Ming de Mongo, Max Von Sydow. También decidió que la banda de sonido iba a ser un éxito absoluto y contrató para componerla a Queen, que además era el grupo de rock más exitoso y caro de ese momento. Otra ironía: en realidad De Laurentiis no tenía idea del grupo (de hecho, cuenta la leyenda que al mirar los títulos le preguntó a un asistente: “¿Quiénes son las ‘Reinas’?”). Para reproducir el enorme colorido y el estilo camp de la historieta, el diseñador fue Danilo Donati, doble ganador del Oscar. Realmente una súper producción.
¿Y quién iba a ser Flash Gordon, el terráqueo que conquistaría el Universo? Le ofrecieron el papel a Kurt Russell, que directamente rechazó el guion por considerarlo completamente plano. Y consideraron a Arnold Schwarzenegger, pero el problema era su tremendo acento austríaco. Pero en realidad el productor se había obsesionado por un muchacho al que vio en un episodio de The Dating Game. Pensó que su físico imponente era ideal para la película y lo hizo contratar. El muchacho se llamaba Sam Jones, apenas había actuado. Pero para De Laurentiis eso era lo de menos. No así para el director Hodges: tuvo que contratar a otro actor para doblar casi todos los diálogos de Jones y también para algunas escenas, porque el muchacho abandonó el rodaje cuando faltaban el diez por ciento de las tomas. Dato adicional: la voz de Jones la hizo Peter Marinker. El resultado fue una película fallida que, con el tiempo, se transformó en objeto de culto, pero que en su momento fue un fracaso mayúsculo que dejó en evidencia que ni el dinero ni el talento ajeno pueden salvar una producción sin rumbo.

Para mí Flash Gordon es una joyita que los yanquis cagaron a palos. Queen la rompió toda pero la gilada prefiere Marvel basura. Película de culto más zurda que el Che, los gorilas no entienden nada. Esto huele a censura de los mismos que bancan a De Laurentiis.
Para mí Flash Gordon fue un fracaso porque los zurdos de Hollywood no saben hacer películas de verdad. Me parece que prefieren basura progre antes que héroes de verdad. Queen la rompió pero ni ellos salvaron este desastre. Viva la libertad carajo!