La historia de Paola Ahumada es la de una vuelta a las raíces. Nacida en Chubut, trabajó durante doce años en una multinacional del petróleo, pero la gastronomía le corría por las venas. Su abuelo paterno, oriundo de Murcia, España, llegó a Comodoro Rivadavia para trabajar en el ferrocarril de YPF a principios del 1900 y trajo consigo el saber del cultivo del azafrán. “Papá me contaba que nuestra familia sembraba azafrán, y por eso digo que este cultivo me encontró a mí”, cuenta Paola desde su campo a 25 kilómetros de Trevelín, donde vive con su marido y sus hijos.
El camino no fue directo. Antes de dedicarse al azafrán, estudió Gastronomía, su verdadera pasión, que la conecta con sus raíces españolas, árabes e italianas. Junto a su marido, también chubutense, decidieron dejar la ciudad y apostar al campo. “Acá llegamos con mi marido y nuestros ahorros, a un campo que había heredado de mi familia”, recuerda. La zona, a 690 metros sobre el nivel del mar, cerca de la laguna La Zeta de Esquel, es hostil: “Las temperaturas pueden llegar a -19°C y con 1,20 metros de nieve”, explica.
Los primeros intentos fueron fracasos. “Todo fracasaba…”, admite. Probó con olivos, pero no funcionaron. Llegó a pensar en vender las tierras. Fue entonces que, durante el desarrollo de su tesis, retomó los platos de azafrán que hacía su papá. Viajó a España, contactó productores y trajo bulbos de las variedades Negin y Sargol. Empezó a sembrar de a poco y descubrió que el azafrán se adaptaba perfectamente al clima patagónico. El bulbo necesita un invierno frío para florecer bien, con suelos pobres y bien drenados. Su rasgo distintivo son los pitillos colorados, el auténtico y codiciado azafrán.
Hoy, el “oro rojo” ocupa un cuarto de hectárea. “Utilizamos toda la flor”, relata Paola. Con los pétalos hace blend de té y cosmética; con el polen, croquetas proteicas para abejas. Del azafrán, el 80% se destina a un gin de exportación, el 10% va a dietéticas de todo el país, y el otro 10% queda en su establecimiento para la experiencia sensorial gastronómica que ofrece. Allí fusiona cocina árabe, española e italiana. “Pronto saldrá un libro que se llama ‘Cocina con azafrán’, con recetas mías y de otros cocineros, para mostrar la diversidad y potencial del producto”, adelanta.
El gin, bautizado Saffron Golden Gin, ya tiene sello de origen Chubut y recibió medalla de bronce en la competencia Argentina Spirits Awards 2025, en la categoría Gin Contemporáneo, entre 690 gins de todo el mundo. Más notable que el gin tonic, la coctelería de autor encuentra en esta variedad una excusa perfecta para maridar su color dorado, que adquiere por el contacto con el azafrán. Su aroma es fresco, a jazmín, pimienta, canela y limón. Es seco, con un poco de picor y final largo, textura aceitosa y cremosa, con un punto dulce. Marida bien con frutas frescas, quesos suaves, pescados, mariscos y sushi.
Paola no se detiene. En medio del campo de ñires, sigue apostando: “Queremos promover nuevos productores de azafrán y armar una cooperativa”. Su historia es la de una mujer que dejó atrás la industria petrolera para recuperar una tradición familiar y convertirla en un negocio que ya da que hablar en el mundo gastronómico.

para mi esta mina es la posta dejo el petroleo kuka por el oro rojo mientras los chevrones se afanan todo ella labura la tierra aguante el azafran del pueblo y la patagonia socialista carajo dejense de robar 🚩
y bueeeno otra heroina de mierda dejando el petroleo por el oro rojo mientras los zurdos lloran cambio climatico esta tipa labura y factura el azafran argentino es un orgaso pero los zurdos de mierda seguro lo boicotean viva la patria y el que no salta es un comunista 🚩🔥