Ya al bajar del avión, Punta Cana muestra una primera pista de lo que es República Dominicana. Antes del mar turquesa, de la arena blanca y del primer shot de mamajuana –esa bebida local que te hace sentir parte del lugar y a la que muchos le atribuyen poderes casi milagrosos– aparecen las muñecas sin rostro: figuras de arcilla pintadas a mano que reciben a los turistas en el aeropuerto y que funcionan como una marca de identidad. No tienen rasgos definidos porque representan la mezcla cultural dominicana, su diversidad y su historia.
Después sí llega la postal conocida, esa que cada vez más eligen los argentinos. El calor húmedo del Caribe que pega en la cara sin pedir permiso, las palmeras y el traslado hacia sus playas instalan enseguida esa idea de que Punta Cana es, ante todo, una promesa de descanso para olvidarse de la rutina un rato. Comer. Dormir. Meterse al mar. Repetir.
El famoso modelo all inclusive hizo que este rincón dominicano sea uno de los destinos más reconocidos del Caribe. Pero quedarse con eso es mirar solo una parte de la película. Con más de 50 kilómetros de playas de arena blanca y aguas cristalinas, se concentran cerca de 170 hoteles y muchas de las principales cadenas internacionales, especialmente sobre Playa Bávaro, la más conocida del destino. República Dominicana tiene ese no sé qué que despertó el interés del turismo argentino y la consolidó como una de las opciones caribeñas más elegidas en el último año.
Según datos del Ministerio de Turismo dominicano, en 2025 llegaron 442.088 pasajeros provenientes de la Argentina, un 62,3% más que el año anterior y el nivel más alto de los últimos seis. El país quedó así como el principal emisor latinoamericano hacia República Dominicana y tercero en el continente, detrás de Estados Unidos y Canadá.
Y ese crecimiento se percibe dentro de los hoteles. “En los últimos tres años, los argentinos pasaron de representar cerca del 15% a casi el 40% de nuestros huéspedes”, cuenta Jeovanny Reyes, marketing & brand experience director de Iberostar en Punta Cana, uno de los grupos con fuerte presencia sobre Playa Bávaro que opera hoteles cinco estrellas: Selection Coral Bávaro, JOIA, Coral, Waves Dominicana y Waves Punta Cana, dentro de un complejo de 133.000 metros cuadrados en primera línea de playa. Por ejemplo, una noche en uno de los hoteles cuesta desde US$160 por persona en base doble, según la categoría y la temporada.
Aunque el todo incluido sigue siendo el formato dominante, los turistas y, principalmente los argentinos, eligen realizar actividades por fuera de ese formato. Por ejemplo, el 72% de los argentinos que ingresaron al país en 2025 realizó la excursión a isla Saona, una de las salidas más buscadas del destino y de las más fotografiables, esas en las que no hace falta poner filtros. A pesar de ser la más demandada, no es la única.
Punta Cana no se termina en la foto publicada en redes sociales. Detrás de esa imagen aparece la otra cara del destino: reservas naturales, especies protegidas, arrecifes en recuperación y una discusión ambiental cada vez más urgente para una región que vive, justamente, de la belleza de sus costas.
Uno de los ejemplos más claros es la Reserva Ecológica Ojos Indígenas, un parque natural de 1500 hectáreas donde los senderos se adentran en un bosque tropical y llevan hacia 12 lagunas de agua dulce; en varias de ellas se puede nadar rodeado de vegetación. Caminar por esos caminos, con los sonidos de la naturaleza, pero sin olvidar los chistes y adivinanzas del guía, permite descubrir una Punta Cana distinta. Un poco más verde y lejos de las clásicas postales de reposeras frente al mar.
La reserva también permite entender una pregunta que atraviesa el destino desde hace tiempo: ¿cómo sostener el crecimiento del turismo sin deteriorar a la naturaleza? En la isla de La Española, que comparten República Dominicana y Haití, viven especies endémicas amenazadas, como la iguana rinoceronte y el gavilán de la Española. La pérdida de hábitat, la caza ilegal y el avance de especies invasoras las pusieron en situación crítica, y distintos programas de conservación trabajan en el monitoreo, protección y recuperación de sus poblaciones.
Esa preocupación empezó a trasladarse a los hoteles, que son justamente los receptores del turismo. Algunos complejos buscan sumar una propuesta que va más allá: bienestar, nutrición, reducción de residuos, protección de costas y restauración de ecosistemas marinos. No se trata de negar el impacto de la industria turística, sino de asumir que el futuro del negocio depende cada vez más de cuidar el recurso que lo sostiene.
En el caso de Iberostar, por ejemplo, esa agenda aparece a través de su movimiento global Wave of Change, una iniciativa que comenzó con la eliminación de plásticos de un solo uso y se expandió hacia objetivos más ambiciosos: reducción de residuos, pesca responsable, neutralidad de carbono y restauración de ecosistemas costeros. Y, en Punta Cana, una de sus líneas de trabajo más visibles está vinculada con los corales.
La búsqueda también se traslada a la experiencia del huésped. “Nosotros capacitamos a nuestros huéspedes para que viajen con una huella ecológica más sostenible, garantizando al mismo tiempo su comodidad y bienestar”, contó Alice Scavarda, room division manager del hotel.
En un formato que durante años fue sinónimo de buffet infinito y de dejar cualquier hábito saludable de lado, la marca empezó a incorporar propuestas vinculadas con bienestar y alimentación más consciente. “La tendencia está cambiando. La idea es poner sobre la mesa temas de nutrición en un resort, un lugar donde muchas veces se piensa que no te podés cuidar”, explicó Daniel Sánchez, Head of PR de Iberoestar.
En ese modelo, la sostenibilidad aparece como un eje interno y no solo como una frase para el huésped. “La sostenibilidad es parte de la inducción”, resume Natalia Pairo, general manager de Iberostar Selection Bávaro y Coral Selection Bávaro. La idea, según explican desde la compañía, es que el cuidado ambiental atraviese la operación cotidiana: desde la gestión de residuos y la protección de la costa hasta los proyectos vinculados con los corales y el trabajo con comunidades locales.
“Con más de 60 años de historia, estamos comprometidos con la calidad, la sostenibilidad y la innovación. Promovemos un modelo de turismo responsable que pone en el centro el cuidado de las personas y de los océanos”, aseguró Sánchez.
El gran desafío hoy está en el mar. El sargazo, esa macroalga que en los últimos años afectó a buena parte del Caribe, se convirtió en un problema cotidiano en los destinos. Cuando llega en grandes cantidades, cambia el paisaje, genera olor y obliga a generar grandes operativos de limpieza durante todo el día.
“¿Hay sargazo en la playa?”, es una de las preguntas que más resuena entre los turistas a la hora de elegir su próximo destino. Para los países que viven del turismo, no es un detalle menor. Pero algunas de las técnicas que se utilizan para sacarlo también pueden dañar la arena y el ecosistema costero si se hace con maquinaria pesada.

Para mí esto huele a capitalismo de mierda: los yanquis y europeos rompen todo, y ahora los argentinos van y rematan los corales. ¿All inclusive? Exclusión total de los locales, mientras los peces se mueren. Yo creo que el progreso así es una basura, solo beneficia a los empresarios. ¡Viva la lucha ambiental!
Para mí esto huele a cuento ecológico de zurdos que quieren cagarle las vacaciones al laburante. 442 mil argentinos vamos porque podemos y punto. Si tanto les importan los corales que pongan plata de los impuestos no jodiendo al que quiere su all inclusive. Viva la libertad carajo.