La pelota no se mancha, la política sí. Mientras el Mundial de fútbol acapara la atención global, los líderes mundiales aprovechan el torneo para jugar su propio partido, lleno de tensiones diplomáticas, causas nacionales y disputas de poder. Desde la cumbre de la OTAN hasta una desconocida senadora paraguaya, todos quieren su cuarto de hora en el escenario mundialista.
El caso más extremo lo protagonizó Donald Trump, quien intervino personalmente para anular una tarjeta roja a Folarin Balogun, desatando críticas sobre la integridad del juego. Pero no fue el único. En la cumbre de la OTAN en Ankara, los aliados tuvieron que hacer malabares para no irritar al presidente estadounidense tras la eliminación de Estados Unidos frente a Bélgica. Según trascendió, varios acordaron evitar cualquier comentario sobre el Mundial para no enfurecer a Trump. Una alianza militar midiendo sus palabras por un partido de fútbol.
El primer ministro noruego, Jonas Gahr Støre, celebró la clasificación de su selección con el ya tradicional ‘remo vikingo’ frente a un Volodimir Zelensky que no sabía si reír o qué. Støre también posó junto al británico Keir Starmer, ambos con las camisetas de sus selecciones que se medirán en cuartos. Starmer, que está de salida, presionó para evitar un cambio de horario que perjudicaba a Inglaterra y hasta insinuó un feriado bancario si la copa ‘vuelve a casa’.
Pero el escándalo más grave llegó desde Paraguay. Tras la eliminación de su selección en octavos, la senadora Celeste Amarilla lanzó ataques racistas contra el capitán francés Kylian Mbappé, llamándolo ‘camerunés colonizado’. La Fiscalía de París inició una investigación por ‘insulto público agravado’ e ‘incitación al odio’. El presidente Santiago Peña vio manchada su imagen de país estable, mientras el vicepresidente y el presidente del Congreso condenaron los dichos.
Francia tampoco está libre de culpa. La defensa de Mbappé puso en primer plano el debate sobre identidad, inmigración y racismo que divide al país. El seleccionado francés, presentado como símbolo de la Francia multicultural, carga con las tensiones de una sociedad donde la extrema derecha de Marine Le Pen gana terreno. Y una investigación reveló que la selección francesa utilizó aviones de GlobalX, una compañía que también opera vuelos de deportación del ICE en Estados Unidos.
Egipto representa otro extremo. Tras la derrota ante Argentina, el entrenador Hossam Hassan perdió el control: discutió con hinchas, increpó a un fotógrafo y acusó al árbitro francés François Letexier de condicionar el resultado. La Federación Egipcia presentó una protesta formal ante la FIFA.
El Mundial, lejos de ser un oasis de deporte, se convirtió en espejo de las tensiones globales. La política, como siempre, no se mancha: juega su propio partido.

Para mí esto huele a circo imperialista de mierda. La OTAN y los racistas se meten en el mundial mientras Mbappé y Trump son la misma basura capitalista. Yo creo que hay que mandarlos a todos a la concha de su madre. Viva la lucha de los pueblos, carajo.
che ya era hora q le paren el carro a estos zurdos de mierda el mundial es de los patriotas no de vagos q se ofenden x todo para mi mbappé y trump tienen razon fuera negros y chorros de la cancha viva la argentina carajo 🇦🇷