El círculo rojo le picó el boleto al fenómeno Milei. Y los beneficiarios son dos pesos pesados: Jorge Brito, el banquero que preside River Plate, y Daniel Hadad, el fenicio de los medios. La reciprocidad del respeto entre Brito y Mauricio Macri, el Ángel Exterminador, es clave. Pero River no es Boca: la gestión eficiente de Brito en el club de Núñez no se compara con la epopeya de Macri en la Ribera. Ambos cargan la mochila perversa de ser “hijos de…”. Brito padre fue el artesano de las finanzas, el maestro articulador que se llevó los secretos de la historia contemporánea. Mientras tanto, Franco Macri, el que valía, desconcierta aún a su hijo. Consta que Mauricio debió escribir un libro para tratar de entenderlo.
Cuando presidió la Argentina, Mauricio solía denostar con confidencial negatividad a Brito padre. Pero la mala onda no es generacionalmente trasladable. Brito hijo respeta al modelo Mauricio, mientras persista la reciprocidad. Otro aspecto en común es categóricamente político: son beneficiarios de la cruel picada de boleto que el Círculo Rojo le aplicó a Javier Milei, el Tertuliano. También se suman Daniel Hadad y Carlos Melconián, el misterioso economista. La picada se agravó durante la maléfica semana promocional de Nueva York, justo cuando arrancó el calvario torpe de Manuel Adorni, el Premier, del que ni Milei ni la Guantanamera conocen salida feliz. Mientras ponderaba, al Tertuliano se le soltó la cadena y volvió a fustigar a Paolo Rocca, el Cientista. La tarde del mismo día, un empresario del primer cordón le dijo cerca de Times Square al confidente: “Hay que inventar otro. Este loco no puede reelegir”.
La ambición de Brito contiene seriedad profesional. Preside el Macro, banco icónico con derivaciones energéticas. Cuenta con tres expertos que lo ayudan a interpretar las claves del acceso al poder político: Emilio Monzó, el Diseñador Polifuncional; Nicolás Massot, Sangre Ardiente, diputado hasta 2027; y Diego Bossio, Dieguito el 10, quien por razones sentimentales debió alejarse del peronismo que conduce la Doctora. Dama que merece su propio capítulo como presidenta con tobillera del Justicialismo, patrona práctica de La Cámpora. Pero Brito contabiliza también el vibrante arsenal de los negocios que generan el malentendido sospechoso de ser próxima fuente de financiación de los sectores audaces de la comunicación. Es invariablemente el producto más atendible de la “pausa de hidratación”. Al culminar el Mundial, la aventura tendrá superior claridad. Por ahora persiste en el difuso territorio de la incertidumbre.
Lo gravitante en el britismo incipiente es que brota la voluntad. Se registran diálogos frecuentes con los minigobernadores, con los gobernadores del norte que confían y se inquietan por la sustancial presencia de las sucursales. Otro proyecto presidencial es el de Daniel Hadad, el Fenicio, habituado a la placidez del éxito. La presunta carencia de candidatos solventes en el peronismo lo convierte en flamante postura viable. La pregunta no es por qué Hadad quiere ser candidato, con lo bien que le va. “¿Para qué meterse el turco en este quilombo?”. Corresponde preguntarse mejor por qué motivo Hadad no puede serlo. Desde que nunca fue el austero cronista de Somos con dos trajes –uno gris y otro azul–, por iniciativa del extinto personaje providencial pasó a ser empresario del universo radial y televisivo. Para ganar decenas de millones de dólares con la venta de la consagrada Radio 10 y del canal C5N. ¿Y ahora qué hago?, se preguntó, de pronto tan rico como aburrido. Decidió dedicarse al periodismo digital para construir el producto más leído en español, con pretensiones de subsedes en Estados Unidos, México y España, a los efectos de coleccionar contactos internacionales que consoliden su influencia.
La fortuna acumulada por Hadad es lo suficientemente suculenta como para arriesgar decenas de millones de rupias (que el Fenicio ejemplar nunca va a poner). Abundan los empresarios, súbitos picadores de boletos, dispuestos a ponerla, siempre y cuando sea Hadad quien vaya al frente. Pasa la gran parte de su tiempo en la capital virtual de América Latina, Miami. Desde allí admite que trascienden las alianzas con los pesados de la tecnología que, en el fondo, lo entretienen. Vuelve a Buenos Aires de vez en cuando, en realidad cuando se le antoja, para auditar la maceta florecida de los negocios. Con la satisfactoria encuesta argentina que destaca a Infobae por el 67% de credibilidad, junto a calificativos como “rapidez y simpleza”. Consta que Hadad logró la proeza de ser oficialmente candidato sin decir todavía que lo es. El Fenicio acepta que el tema le interesa, como la exhibición del poder personal. El muchacho de Flores celebró el “honoris causa” proporcionado por la Universidad de La Matanza. Disfrutó íntimamente con la posterior cobertura fotográfica de la señora Soledad Bilardone. Por la calidad y diversidad de la asistencia, cualquier distraído podía percibir que el Fenicio maneja, como nadie, la ceremonia emotiva del poder conquistado.
Los ostensibles atributos de Brito y Hadad no los tiene Carlos Melconián. Pero Melco tiene en cambio la experiencia inspirada en los arrebatos de la historia. Hoy diserta privadamente, o en ensayos naturales de campaña, entre comidas en el Círculo Italiano o en universidades como la de San Martín. Imagina casi secretamente ser presidente desde cuando vendía zapatos en Valentín Alsina. De la zapatería armenia, Melco pasó al Banco Central. Traficó la representación del alfonsinismo. Después que Jorge Machinea, titular del Central, le advirtiera: “Te quieren conocer en Economía”. Al día siguiente partió hacia Nueva York para negociar la deuda con el Fondo, junto a su flamante jefe Daniel Marx. El periplo de Melco atraviesa el ciclo menemista con el marco competitivo de Domingo Cavallo. Había desembarcado con un texto ecuánime en el que defendía la Convertibilidad. Diplomado con celeridad de cavallista, fue postulado verbalmente para gobernar la Provincia del Pecado. En el Central, Melco cobraba 500 dólares. Pero saltó hacia la consultora de Miguel Ángel Broda por 2.500. Para emanciparse en los ’90 con Rodolfo Santángelo, su socio actual en MacroView. El Emir Carlos Menem lo designó ministro de Economía en la elección que ganó, pero que en simultáneo perdió. El Ángel Mauricio lo hizo después presidente del Banco Nación. La penúltima peripecia del trayecto fue identificarse como la voz económica sólida de la señora Patricia, La Montonera del Bien. Dictaba conferencias espectaculares que financiaba la Fundación Mediterránea, persistente subproducto del cavallismo. “Para hacer lo que usted propone, Carlos, no le alcanza con el ministerio”. Se lo dijo un confidente visionario, luego de escucharlo en el Hotel Palacio Duhau. “Lo que dice sólo puede hacerlo si el presidente es usted”. Fue la vuelta al oficio con el que deliraba desde la zapatería armenia de Valentín Alsina.

che pero para mi estos dos gorilas britolaga y hadado son los mismos vende patria de siempre se quieren comer la torta mientras milei hace el payaso el circulo rojo nos chorean hasta la esperanza lacras me parece que esto huele a traicion
Para mí esto huele a traición pura. Milei es el único que nos puede salvar y el Círculo Rojo ya le picó el boleto con Brito y Hadad, unos vendepatrias. Yo creo que se les escapó la tortuga, pero no nos vamos a rendir. ¡Los vamos a barrer a todos, viva la libertad carajo!